miércoles, 27 de diciembre de 2017

Para cantar Misericordia

"Cansado del eterno sube y baja
entre el pecado y la gracia
!cuánto anhelo estar siempre arriba! 
arriba donde esta tu gracia 
y no para cantar victoria 
sino !Misericordia!

¿Hasta cuando he de esperar que sea absoluta 
la gracia que me salva, 
tu misericordia que justifica? 
Ven pues oh amado de mi alma y no permitas que me caiga 
y si estando arriba tropiezo y caigo en el oscuro abismo 
que tu abismo me reciba y ahogue para siempre." 

Andrés Saldarriaga

lunes, 31 de julio de 2017

Hay lágrimas y hay amigos

Hay lágrimas y hay amigos

Hay cosas que no se resuelven resolviéndose sino llorando.
Y uno llora.  
Y entonces un amigo se acerca, ¡qué noble!, para consolarnos…
Y uno se enjuga las lágrimas y suspende el torrente y promete estar bien.

Pero el insiste, porque la amistad hace eso,
 y uno se conmueve más.
ahora, por dos razones:

La otra es por saber qué pasa…
Porque uno llora sin saber por qué ;
Si son lágrimas de consuelo o de amargura, de soledad o de ausencia.

Hay un maremoto adentro. 
Las lágrimas salen desde lo más profundo y antiguo del ser.
Algunas de ellas estaban desde hace mucho rato esperando la oportunidad para expresarse. 

Expresar, ¡que bella palabra significa dejar salir lo que estaba preso!

Y ese sentimiento se mezcla, pues, con otro,
uno que acaba de nacer, 
el pesar del amigo, o del amante  que nos quieren consolar
porque uno sabe su misión es imposible,
las lagrimas no tienen solución o consuelo alguno.
no se les puede negar o desviar por otro cause. 
Son obligatorias. Lo que representan, misterioso y necesario.  

Y entonces el amigo calla. 
Y es ahí, cuando uno calla, que el oleaje del otro se deja escuchar
Y entonces el misterio disminuye
Porque me doy cuenta
Que yo también estoy así. 

lunes, 24 de julio de 2017

Si Dios sembró lo bueno ¿De dónde el mal?

Si Dios sembró lo bueno
¿De dónde el mal?

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética.
Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. M.L King

En la parábola del trigo y la cizaña (Mt. 13, 24-52) Jesús  lanza una imagen que deja mucho que pensar sobre la realidad del mal y el pecado. Jesús dice que el enemigo del Buen Sembrador (quien representa al Hijo de Dios) siembra la buena semilla pero un enemigo siembra la cizaña. Hemos puesto demasiada atención en aquel enemigo y pasado por alto el detalle previo a su mención. Jesús dice: “Mientras los hombres (antropous) dormían vino un enemigo”. Si lo notan, la condición de posibilidad para que el enemigo venga es el sueño de “los hombres”, de la gente de Dios. Dicho de otra forma, la cizaña nace como consecuencia de un descuido tremendo por parte de los trabajadores de aquel campo.

Sabemos que uno de los elementos importantes de la tradición judía es el pan sin levadura. Solo ese pan puede ser usado en la gran celebración de Pascua pues la levadura representa, según nos cuenta Moshé Frank (1), entre otras cosas, “la dejadez”, es decir, el descuido, la pereza. Y esto por la sencilla razón de que la levadura solo surte efecto cuando se le deja quieta por un rato, cuando se le descuida, y así el pan entero queda “contagiado” por el efecto de aquella levadura, así mismo, dicen los rabinos judíos, es el pecado que aparece como consecuencia del descuido, de la dejadez del hombre.

Así las cosas, el problema no es tanto del mal o el enemigo que sabemos que siempre trabaja, sino de la quietud de “los hombres” es decir, la pereza de los obreros del reino, el descuido interior, la indisciplina, la pereza y en definitiva el estar dormidos ante la vida, el ser inconscientes de la realidad... 



Asi pues que, debería ser más preocupante la quietud de la gente de Dios, de aquellos que dicen: “los buenos somos más” que la labor constante y aprovechada de los que obran el mal sin dormir. Lo preocupante es que el enemigo no descansa, los hombres sí, quizá, en eso consista la cruda dinámica del mal…

Andrés Saldarriaga Ríos  
E.B.C.Y.


(1). FRANK, Moshé. La esencia de Israel. Descle Brower: Biblioteca de la Vieja Jerusalén. (pp 38-39)

miércoles, 28 de junio de 2017

EL EXODO: El libro de la liberación y la alianza

EL EXODO:
El libro de la liberación y la alianza

“El libro del éxodo es el libro de la liberación y la alianza […] estos capítulos se clavan en la memoria del pueblo, convirtiéndose en modelo o patrón de sucesivas liberaciones, con la misma función penetran en el nuevo testamento y extiende su influjo e inspiración incluso a gente que no cree en ese Dios liberador. El Señor será para siempre en Israel “el que nos sacó de Egipto, de la esclavitud””. [1]

Son muchos los elementos de la espiritualidad bíblica los que se recogen en este libro, y es tal vez por la presencia de estos que hemos fijado la atención en él. En el comentario que leíamos antes, el padre Schökel nos señaló los temas centrales del éxodo: la liberación y la alianza.

De tal manera que, el éxodo saca a la luz la esencia de la relación de Dios con el hombre. A partir de esta relación es que podemos entrar a estudiar el éxodo y con ello conocer la espiritualidad que enseña el Antiguo Testamento. Esto es, que existe el hombre oprimido, a quien cada vez le resultan nuevos y más terribles faraones, pero que existe un Dios que 1. Ve el clamor y la necesidad de su pueblo; 2. Elige a algunos hombres para que movidos por su espíritu cooperen en la obra de liberación y 3. Conduce a su pueblo a una vida de libertad mediada por su alianza. A este respecto Giuseppino De Roma señala:

“El éxodo representa el evento paradigmático que señala cual es el modo constante del actuar de Dios e indica al mismo tiempo  la actitud que debe asumir el hombre frente a Dios. Cuando un individuo o grupo se halla en una condición de esclavitud, de sufrimiento, de miseria, Dios intervienen con su poder salvífico. Dios responde a los lamentos, la salvación nunca puede provenir de dentro del hombre. Procede de lo alto, pero exige suplica y acogida”.[2]

A.    El encuentro de Moisés en el  Horeb:



1.      Llevó el rebaño más allá del desierto… (la liberación comienza con un hombre que va más allá de lo acostumbrado.
2.      Moisés se acerca: el encuentro de Moisés con Dios comienza con un acto de sana curiosidad.  “viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza” (3, 4)

Dios habla desde la Zarza. ¿Por qué?
·         “Dios Dijo a Moisés: ¿Acaso no sientes que estoy tan angustiado como el mismo Israel’ Desde el sitio del cual te hablo, desde las espinas, puedes ver que me identifico con la angustia de Israel, como está dicho: en toda angustia (del pueblo) fue el angustiado.” (Isaias 63, 9) (Yalkut)

·         “¿Cuál es la característica de la zarza? Cuando un hombre introduce su mano en ella no se lastima pues sus espinas se hallan inclinadas hacia abajo, mas cuando intenta sacarla las espinas lo detienen. Lo mismo sucedió con Israel que al llegar a Egipto fue recibido con la mejor de la tierra, pero cuando quiso salir lo atraparon” (Mejilta Derashbi)
3.      Quítate las sandalias: Primer sentido: Quitarse las sandalias es tocar tierra, humillarse y situarse con humildad ante el Misterio, o lo que es lo mismo, adorar el Misterio, que es el acceso verdadero y el reconocimiento de la grandeza (y amor) de Dios y de la pequeñez del hombre que se postra ante Él, que se descalza ante Él, que le rinde homenaje de adoración.
El segundo sentido, asociado al primero de la adoración, es la purificación. En las sandalias se arrastra el polvo de lo mundano, del suelo del pecado, y nada impuro puede haber ante Dios. Y un tercer sentido es el de la desnudes. El abandonar toda seguridad humana que impida el acceso a Dios.
Leer: 3, 7-9

B.     La libertad: no representa únicamente un concepto negativo: ser libres de alguien o de algo. Se puede ser libre para alguien o para algo. Israel es liberado para ser de Yahvéh. La prueba de la libertad es el culto a Dios.
El faraón: Opresor. No da paso a la ofrendan; No permite el culto a Dios.  Ex. 5, 7-9.
C.     El nombre de Dios revelado: El que fue, es y será. Estuvo, está y estará.




[1] SCHÓKEL, Luis Alfonso. La biblia de Nuestro Pueblo: (Comentario al Libro del Éxodo). Misioneros claretianos. 2011
[2] DE ROMA, Giusseppino.  El Exodo: Un viaje en el tiempo. Colección Lectio Divina. San Pablo. P.11-12

martes, 27 de junio de 2017

SALMO 23 Lectio Divina

LA ESPIRITUALIDAD BÍBLICA:

A.    LOS SALMOS

“Los salmos son la oración de Israel. Son expresión de la vida de un pueblo seducido por Dios. La tradición atribuye muchos de ellos al rey David y algunos a Córaj y Asaf; pero esto es solo una cuestión convencional. Una cadena anónima de poetas, a lo largo de siglos, es la imagen más realista sobre los autores de estas piezas.
Los himnos cantan la alabanza y suelen ser comunitarios: su tema son las acciones de Dios en la creación y la historia. Muy cerca están las acciones de gracias por beneficios personales o colectivos: la salud recobrada, la inocencia reivindicada, una victoria conseguida, las cosechas del campo. De la necesidad brota la súplica, que es tan variada de temas como lo son las necesidades del individuo o la sociedad; el orante motiva su petición, como para convencer o mover a Dios. De la súplica se desprende a veces el acto de confianza, basado en experiencias pasadas o en la simple promesa de Dios.

Hay salmos para diversas ocasiones litúrgicas, peregrinaciones y otras fiestas. Otros se pueden llamar meditaciones, que versan sobre la vida humana o sobre la historia de Israel. Y los hay que no se dejan clasificar o que rompen el molde riguroso de la convención.

Sabemos que surgieron agrupaciones menores y que después se coleccionaron en cinco partes (como un pentateuco de oración) […]  en el proceso de coleccionar, la división y numeración sufrió un menoscabo: algunos salmos están arbitrariamente cortados en dos (9-10; 42-43); otros parecen duplicados al menos en parte (70 y 40; 53 y 14) se explica que en la numeración griega se haya impuesto otra numeración.

No sabemos cómo se ejecutaban: muchos se cantaban, probablemente con solista y coro unísono; algunos quizá se danzaban, otros se recitaban en marcha o procesiones; otros acompañarían ritos específicos.

Los salmos son también oración privilegiada de la comunidad cristiana  del individuo aislado. Muchos fueron rezados por Nuestro Señor Jesucristo. El libro de los salmos es un repertorio que suministra textos para diversas ocasiones y a diversos niveles; su lectura puede interesar, pero solo rezados serán realmente comprendidos.”  
Luis Alfonso Schökel
Comentario al libro de los salmos Biblia de Nuestro pueblo. (Resumido)  

-El Señor es mi Pastor: Salmo 23
Lectio Divina

 “Quien logra recitar el salmo 23 comprende la acción del espíritu”
 San Efrén


    Lectura en el Contexto:

El Pastor

Los beduinos del desierto nos dan hoy una idea de cómo era en otro tiempo la vida cotidiana en las tribus de Israel.  En esta sociedad, la relación entre pastor y rebaño no es únicamente de tipo económico, basada en el interés, en el provecho que el pastor le pueda sacar a sus ovejas para subsistir él y su familia: sacarle la lana, beber su leche, hacer deliciosos asados con su carne, venderlas cuando necesita dinero, etc. En otras palabras, no es una relación de “propiedad”.

En el mundo la Biblia, como sucede también hoy con los beduinos del desierto, entre el pastor y su rebaño se desarrolla una relación casi personal.  Día tras día se la pasan juntos en lugares solitarios mirándose el uno al otro, sin nadie más en el entorno.  El pastor termina conociendo todo sobre cada oveja y cada oveja reconoce y distingue, entre todas, la voz de su pastor, que habla con ella con frecuencia.
Tres elementos:
-El salmo transita a través de dos imágenes fundamentales que acompañan el itinerario personal de lo de lo externo a lo interno; el pastor y el amigo. - Es la imagen del pastor que se hace amigo. - Tiene 9 cuerdas que suenan como me. La palabra me.
1.      El Señor es mi pastor: en el hebreo el termino ser es equivalente al de estar. (Yo soy el que soy, y estoy).
1)      Nada me falta: Es nada me falta (hoy). Si el señor es mi pastor lo tengo todo. (Pablo sin duda lo conocía y lo expresa en el himno Rom 8, 31 ss.)
2)      Me hace reposar: ¿Qué significa: Verdes pastos? Actividad.
Reposar: Del hb. rabats (la posición de la oveja después de que en la mañana come, es el momento de rumiar el alimento) es decir, me acompaña en el proceso de asimilación… Buen pastor es el que ayuda a digerir. No se trata de dar cantidad de cosas sino por la pedagogía. No es el que da clase sino el que ayuda a aprender. Es una característica de Dios, es el Kalos Didascalos buen maestro. (La diferencia entre formación e información) Que las personas caminen con sus propios pies.
3)      Me conduces hacia fuentes tranquilas: Hb. Aguas tranquilas merujá) se trata de unas aguas aquietadas.  Mi vida estaba agitada pero tú me llevaste a la paz, al reposo, al consuelo. El Señor ordena la vida. La paz es un ordenamiento de la vida. Cuando en la vida se le desordena algo vive cansada. Cuando se ordena se entra en descanso.
4)      Me restauras (el nefesh) el aliento, la respiración. Le diste a mi vida un nuevo aliento. El buen pastor no solamente acompaña la salida del pecado sino que ayuda a su comunidad a encontrar las fuerzas internas para poder construir la vida nueva. (Lc 7, 36-50): se repite tres veces la serie de cuatro verbos de la mujer. Son los mismos actos de una mama con su bebe, lo seca, lo cubre y lo besa. Jesús saca de ella lo mejor de una mujer.
5)      Me guías: Es la acción del pastor por excelencia
6)      Me sosiegas: Se trata del verbo naham: consolar.  Proponer una solución concreta.  le das calma a mi corazón
-El amigo:
 “Ya nos los llamo siervos sino amigos” Jn 15, 15
7)      me preparas: El acto de preparar indica que el otro ha pensado en mí, no se trata del simple hecho de servir la mesa sino del acto desbordado de amor que manifiesta el preparar o prepararse para recibir al otro.  
8)      me unges_ a) perfumar, acoger, aproximación, cercanía. b) la valoración: un buen perfume era bastante caro: tú eres importante para mí. c) las carpas de beduinos olían muy mal: el buen olor de la casa proviene del buen olor de los que lo habitan.
9)      me acompañaran: un buen momento siempre se recuerda.


Adaptado de: P. Fidel Oñoro

lunes, 19 de junio de 2017

Esencia de la religión, esencia de todo: L. Feuerbach

EL HOMBRE:
 Esencia de la religión, esencia de todo


Dios fue mi primer pensamiento; la razón, el segundo, y el hombre el tercero y último
L. Feuerbach


En medio de la reflexión y el análisis filosófico de los aspectos que permean la existencia humana, la religión ha merecido un serio y atento examen crítico que ha permitido ir descubriendo su utilidad o inutilidad en la comprensión de la vivencia concreta del ser humano. Al hacer un recorrido a través de las diferentes reflexiones generadas en torno a ella ha de observarse cómo poco a poco ha ido declinando, aunque no efectiva, pero sí conceptualmente tanto en el mundo de la filosofía de la sospecha como en la perspectiva empirista. Una vez sometida a un examen critico  y analizada bajo la perspectiva racional, y luego de habérsele “desenmascarado” y sorprendido en su inutilidad para la vida práctica del ser humano, la misma humanidad ha sido testigo de su inminente transformación desde los ideales griegos de dioses poderosos hasta las concepciones actuales de la religión como un mero factor humanizador (o deshumanizante) de las conciencias individuales, como alienación, tradición… Esta progresiva transformación de la religión en el ámbito intelectual que sucede paralelamente a la transformación del ser humano, requiere de una reflexión, un estudio y de ser posible un replanteamiento.

Para dar inicio, he usado este epígrafe con el cual doy pie a una de estas argumentaciones en contra de la religión. Será esta la propuesta de Ludwig Feuerbach de una religión antropológica.  Invito pues a continuación a entrar en el estudio de esta crítica que es planteada desde una perspectiva netamente  antropológica y que termina convirtiéndose en una especie de religión antropológica. Como lo preconiza el mismo epígrafe, para este estudio tomaré la propia historia del autor como punto de partida.

1. Sobre el autor

Desde su infancia Ludwig Feuerbach estuvo inmerso en un contexto familiar de religiosidad fervorosa; nace en 1804 y pasa sus primeros años de vida en el seno de una familia pietista[1]-protestante. Llegado a su juventud se decide por el estudio de la teología, proyecto que marcaría el comienzo de una vida como predicador protestante, pero que no durará mucho al verse truncado, por dos razones que considero fundamentales para comprender en principio el pensamiento de Feuerbach. La primera es la profunda insatisfacción que dejó en el espíritu de Feuerbach la teología sobre su deseo inquisitivo de reflexionar sobre la realidad concreta; y la segunda se debió a un encuentro impactante que transforma fuertemente su manera de pensar: Feuerbach conoce y se hace discípulo –aunque solo por un tiempo- de Hegel. Es este el suceso que marcará su segundo “pensamiento”: la razón. No obstante, esta relación llega a su término debido a lo que podríamos llamar los primeros visos de materialismo en Feuerbach. Como una primera señal de desapego a Hegel, Feuerbach elabora una fuerte crítica a la concepción de ser del conceptualismo de éste, catalogándolo como abstracto y vacío, y proponiendo una nueva forma de comprenderlo: el ser es la raíz y el fundamento del pensamiento. Para Feuerbach el ser es aceptado y asido por nosotros de manera real y objetiva por medio de la intuición, la experiencia y la sensibilidad, no por medio de las especulaciones filosóficas (Cfr. Cabada Manuel, pp. 8-16).

Es esta definición de ser como algo que posibilita el conocimiento de la verdad en sí mismo prescindiendo de todo prejuicios filosóficos, lo que señala el inicio de su nueva interpretación de la verdad: el nuevo ser, el único ser real y objetivo, el ser humano. De esta forma podríamos imaginar a Feuerbach haciéndose la pregunta de ¿cómo entender la religiosidad del hombre?,  pero la respuesta cambia de tono respondiendo no como sino por medio de quien, a saber, por medio del el hombre mismo, pues es este el ser  concreto que la experimenta. 

Es por ello que para analizar de manera más cercana la idea de hombre como centro dentro del pensamiento de Feuerbach, propongo primero la reconstrucción de su argumento antropológico, partiendo del interrogante por el concepto mismo de hombre; luego continuaré con el tema de la religión y la propuesta de una nueva religión antropológica; y, finalmente, expondré una selección de afirmaciones y frases donde se manifiesta de manera más pura tanto la definición como la crítica feuerbachiana a todo tipo de religión y especialmente al cristianismo. Todo ello lo haremos a la luz de uno de sus más importantes textos: La esencia del cristianismo (Das Wesen des Christentums), haciendo la salvedad de que mí interés, más que estudiar a Feuerbach, es analizar la  posibilidad de una religión antropológica y exponer una visión de la concepción antropológica de la misma. (Plan que llevaré a término en mi trabajo final).

 
2. El hombre: fundamento de la religión

El principio esencial de mi libro [2] consiste en que únicamente el amor incondicional  y total del hombre, el amor que tiene en sí mismo su dios y su cielo, es la verdadera religión
Con esta referencia se ha de notar que el aspecto fundamental del pensamiento de Feuerbach es el reconocimiento del hombre como centro y punto de partida para la comprensión de todas las realidades de carácter trascendente (y por supuesto las “objetivas-terrenales”). ¿Por qué? ¿Qué entiende Feuerbach por el concepto hombre?
Feuerbach comienza por hacer una descripción del hombre en distinción con el animal. Para él el hombre es un ser conciente, entendiendo la conciencia como el hecho de que un sujeto tenga por objeto su propio género, su propia esencialidad y como la facultad de percibir su propia esencia, la esencia de su propio género. Dicho de otra forma, el hombre es definido como un ser consciente de su humanidad y más aún conciente de su propia esencia, es decir un ser autoconsciente. Por esta conciencia de humanidad el hombre es concebido por Feuerbach como un ser abierto a su especie, y al cual no se le puede comprender fuera de  su género.
Una vez expuesta la diferencia hombre/animal a través del uso de la conciencia que el primero tiene de su mismo género, hemos de dar un paso más en Feuerbach y considerar no sólo la consciencia del ser humano, sino una parte de esta que es esencia: la conciencia de infinitud. A este respecto dirá Feuerbach: “en la conciencia de lo infinito, el hombre conciente tiene por objeto la infinitud de su propia esencia.” (EC. p. 57)

Es de gran importancia llamar la atención sobre este momento de la argumentación, puesto que es precisamente el hecho de ser conciente de la esencia el principio fundamental de la religión. La esencia es tan importante en Feuerbach como el espíritu para Hegel puesto que así como para este último el espíritu es el que permite el despliegue de lo absoluto, en Feuerbach la esencia de la humanidad es la materia prima para el acercamiento a la realidad de lo trascendente, de lo infinito, pues aquello que llamamos trascendente no es más que la propia esencia objetivada. Además, es a partir de la definición de la esencia que sabremos porqué es tan importante el hombre, o mejor, la humanidad para Feuerbach. Por ello, hemos de preguntarnos: ¿cuál es esta esencia? Pues bien, la esencia de la humanidad, dice Feuerbach, la constituyen “la razón, la voluntad, el corazón”. Ellas tres son, según Feuerbach, el fundamento de toda la existencia del hombre. Se desenvuelven de modo irresistible y en todos los aspectos de su vida. El poder que todos los objetos ejercen sobre el hombre es sólo el poder de cualquiera de estas esencias objetivado en ellos. De esta manera el ser absoluto, e infinito considerado por el hombre no representa más que la misma esencia del hombre llevada a su punto culmen y objetivada fuera de sí. Feuerbach señala que siendo el sentimiento como una especie de receptor de lo divino o un órgano para percibir y “experimentar” lo religioso, entonces, el mismo hecho religioso queda sorprendido como un producto del mismo sentimiento humano. No obstante, la procedencia de lo divino desde la misma esencia del hombre, este busca (erróneamente para Feuerbach) objetivarla y ponerla fuera de sí: en Dios; y para mayor error busca esa, su misma esencia fuera de sí por medio de la religión.

Es por ello que he declarado al principio de este texto que el hombre constituye la esencia de la religión, la esencia del cristianismo, pues  como es de notarse para Feuerbach la religión no tiene otro origen más que el mismo hombre. Es por tanto que su pensamiento merece ser llamado antropología de la religión. Ya que pone al hombre mismo como el responsable del hecho religiosos en la humanidad.   Además he dicho “esencia de todo”  porque de igual forma el planteamiento feuerbachiano tiene un sentido de carácter “epistemológico” que asume la esencia del hombre como lo definitivo: “por el objeto conoces tú los hombres; en el te aparece su esencia; el objeto es su esencia revelada, su yo verdadero, objetivo” (EC 56), dicho de otra forma, de la esencia  del hombre (razón, voluntad, corazón) depende la significación del objeto, de ellas proviene la ilusión de lo divino, de lo religioso… 

Queda mucho que exponer y discutir con respecto a esta explicación de la religión de modo antropológico. Pero para proporcionar de manera más pura la perspectiva del autor, presento a continuación una suerte de antología de su crítica.

3. Antología: la crítica feuerbachiana

3.1 De la religión

“La religión es la revelación solemne de los tesoros ocultas del hombre, la confesión de sus pensamientos mas íntimos, la declaración publica de sus secretos de amor”  (EC. p 65)

“El hombre objetiva en la religión su esencia secreta.” (EC p 85)

“Cada progreso de la religión representa… un conocimiento de si mismo mas profundo” (EC. p 65)
“La religión, por lo menos la cristiana, es la relación del hombre consigo mismo, o, mejor dicho, con su esencia…” (EC. p 66)
“La religión niega, además, que lo bueno sea una cualidad del ser humano; el hombre es malo, corrompido, incapaz para el bien; solo Dios es bueno, es el mismo bien” (EC p 78)

“La religión es la escisión del hombre consigo mismo” (EC p 85)

“La religión… es la negación del mundo” (EC p 117)

“El cristianismo se llama a si mismo la religión del amor, pero o es la religión del amor, sino la religión del egoísmo sobrenatural y espiritual, de la misma manera que el judaísmo es la religión del egoísmo mundano y terreno” (Cabada Manuel p. 48)

3.2 De Dios

“Dios es la esencia del hombre propia y subjetiva, separada e incomunicada…” (EC p 81)

“La conciencia de Dios es l autoconciencia del hombre, y conocimiento de Dios, el autoconocimiento de Dios” (EC, p 65)

“Cuanto mas subjetivo y humano es Dios, tanto mas enajena el hombre su propia subjetividad, por que Dios es en y por si su yo alienado que se recupera de nuevo simultáneamente”

“Dios es… el punto matemático de la religión” (EC p 95) 

“Dios, como ser extramundano no es más que la esencia del hombre retraída del mundo hacia si misma, liberada de todos los lazos y vinculaciones con el mundo…”

4. Comentario

Por el momento me limitaré a aceptar la crítica a la religión de Feuerbach como proyección de la esencia humana en el sentido de que considero al ser humano como un ser completamente capacitado para ser, y por supuesto, para ser más. Es un ser que si bien podría proyectar sus virtudes en algo que esta fuera de si puede y debe necesariamente acceder a tales virtudes pero sin desprenderse de la trascendencia que impregna cada uno de los aspectos de su ser metafísico.    
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BIBLIOGRAFÍA

CABADA, Manuel. El Humanismo Premarxista de L. Feuerbach. Biblioteca de autores cristianos: Madrid. MCMLXXV pp. 3-29
KÜNG, Hans. ¿Existe Dios? Ediciones cristiandad, Madrid 1979 pp. 267-304
FEUERBACH, Ludwig. La esencia del cristianismo. Madrid, trota, 1995




[1] Quisiera hacer la aclaración de lo que en realidad debemos entender por pietismo, pues a veces suele confundirse el termino con el de “piedad extrema”, mientras que el pietismo en realidad es un movimiento religioso protestante iniciado en Alemania en el siglo XVII, principalmente por Philipp Jakob Spener, como reacción evangélica contra el intelectualismo y el formalismo dominantes en las Iglesias luterana y calvinista. Este movimiento propaga o esta basado en la necesidad de vivir una vida moral mente correcta ante Dios y ante los hombre. Es un compromiso religiosos con repercusiones radicalmente morales
[2] Se refiere a la Esencia del Cristianismo, en adelante aquí EC. 

martes, 13 de junio de 2017

LA MÍSTICA Y LA PIEDAD COMO APERTURA HACIA LO OTRO: Maria Zambrano

LA MÍSTICA Y LA PIEDAD COMO APERTURA HACIA LO OTRO: 
Maria Zambrano

El otro representa casi siempre un problema.  Estar ante lo otro es enfrentar una realidad ajena a esa mismidad que siempre esta a la defensiva. El otro representa una amenaza por el simple hecho de pensar, actuar distinto. Mas aun, este sentimiento de extrañeza que nos impone lo otro se hace mucho más intenso cuando este otro es el gran Otro, el totalmente otro, al santo, al que se diferencia de mi naturaleza humana de manera radical, aquel cuyo ser y voluntad me resulta del todo extraña.

La historia de la humanidad flota en la sangre del otro. Y es por este hecho que María Zambrano nos ofrece dos preciosos caminos, dos sendas poco trasegadas pero necesarias como un medio para ir sanando esa herida de lo otro en el espíritu humano: la piedad y la mística. Los invito a conocer estos dos caminos que se abren como posibilidad de conocer lo distinto, de aceptarlo y sobre todo en que consistiría amar lo otro. 

La piedad

De estos dos caminos el primero, como ya lo señalaba con la metáfora del camino, ha sido poco trasegado, sobre todo por la filosofía. “La filosofía para conocer no ha necesitado de la piedad. Y como no la ha necesitado, se ha mostrado despiadada con ella, arrojándola a una especie de confusa marea emotiva que se revuelve en el mar interior de cada cual, y que no tienen nada que ver con la realidad que hay fuera”. Así es como la razón, la filosófica, hecha fuera lo de adentro, lo del centro del ser humano, con una pretensión contradictoria, de dar unos fundamentos inhumanos a lo que quiere mostrar como humano.


Ahora, ¿cuál es el problema con que el hombre racional desprecie a la piedad? “Sucede que la noción que el hombre tiene de si como conciencia y razón hace que solo se considere semejante a otro hombre y apenas sabe tratar sino con aquello que entiende como copia o reproducción de sí mismo. Con lo diferente, con lo otro en el plano del ser, no sabe qué hacer con él”, dicho de otro forma, el hombre de razón, solo sabe, solo es capaz de  aceptar aquello que puede comprender. Mas resulta que casi siempre el otro nos desborda, casi siempre el ser diferente a mí no se me aparece de manera clara, no lo puedo comprender,  puesto que este comprender amenaza con convertirse en un asemejarse a él, problema que como podemos ver resulta de la incapacidad de asimilar la expresión comprender como el hecho de saber cómo y porqué el otro “funciona” de esa manera. Ahora bien aunque este comprender llegara a darse, su punto más alto en cuanto al problema del otro llegaría simplemente a la expresión: “tú eres así, te comprendo pero no lo comparto”. Es precisamente así como se disfraza la virtud del mundo moderno frente a lo heterogéneo que llamamos tolerancia.

Pero la tolerancia no tiene el alcance que requiere el trato con el otro. Zambrano acude a la piedad.
“Cuando hablamos de piedad, siempre se refiere al trato de algo o alguien que no está en nuestro mismo plano vital; un dios, un animal, una planta, un ser humano enfermo, monstruoso, algo invisible o innominado, algo que es y no es. Es decir, una realidad perteneciente a otra región o plano del ser en que estamos los seres humanos, o una realidad que linda o está más allá de los linderos del ser.”

La piedad no solo  nos permite comprender, aceptar, conocer lo otro, ella nos acerca, nos conecta con lo otro. Ya la tradición judeo-cristiana cuenta entre los dones del Espíritu Santo, el don de la piedad, que no siempre hace referencia a la devoción de un fiel hacia Dios sino que hace referencia a una amor apasionado hacia Dios, y como consecuencia, de un amor apasionado por el que según esta misma tradición es representante de Dios: el hermano. Esta pasión la experimentó de una manera fogosa, según narran los evangelios, Jesús. Dice la escritura con frecuencia “sintió compasión” o “se estremecieron sus entrañas”.   Para esta expresión los evangelistas usan un verbo que nos permitirá tener noción de lo que significa la piedad, Jesús es el piadoso por excelencia, modelo de piedad. Se trata de la expresión, splagchnizomai (splagchnizomai) que significa, romperse las entrañas.

Así las cosas, la piedad mas allá asumir que el que está en frente de mi es otro, me permite meterme en la realidad del otro, hasta el punto de sentir dolor físico por el otro, dolor real, profundo, la piedad me involucra con el otro, no me deja igual y en esto radica su riqueza, porque es a partir este involucrarse que se conjuga el nosotros.  Un trato así trasciende lo que entendemos por tolerancia.

La mística
Mas este romperse por dentro se hace mucho mas intenso cuando nos referimos a lo Otro. Hasta aquí  la filosofía que abandona el sentido de trascendencia humano no podrá volar, al menos no con las alas del concepto filosófico que conocemos como el problema filosófica de Dios: se trata de la mística, y de manera especial de aquella que encuentra su máxima expresión en la poesía. Sobre todo en  el santo poeta, Juan de la cruz.

¿Qué pasa en esta poesía con el Otro, que ahora se convierte en el amado?  La piedad nos dejó en el sentir como el otro, algo así como el “ponerse en los zapatos del otro”, pero ahora si enserio,  la mística, es decir, esa relación supra-humana del hombre con Dios nos invita a un acto mortal: el místico no solo quiere sentir como el otro, éste quiere ser el otro: “Oh noche que juntaste amado con amada, amada en el amado transformada” El místico desea, anhela fundirse en el Otro. Ahora ¿qué implicaciones ad extra tiene esta actitud? Que de nuevo, aquel que anhela consumirse en el otro, no encuentra otro modo de hacerlo que por medio del amor. El amor y la piedad, la mística, terminan confluyendo en un mismo centro: se convierten en las fuerzas que cohesionan la otredad.

Piedad, mística y poesía se unen en uno solo para acercar lo otro, la primera regalando el sentir con, la segunda el desear ser el otro y la última sintetizándolo todo en una armonía que para muchos es silenciosa y vacía y para otros, los otros, el camino hacia la paz, la paz que es necesario pensarla mirando, reconociendo, aceptado y por ultimo amando al otro. 

lunes, 12 de junio de 2017

Ayer me hablaron de Dios

 Ayer me hablaron de Dios. 


«Un hombre me habló ayer de Dios. Nos conocíamos vagamente, nos encontramos en la calle en un mediodía de junio, y me detuvo para hablarme de Dios. Permanecimos así algún tiempo, de pie, conversando, mientras los transeúntes discurrían a nuestro lado, cada cual con sus cosas y sus pensamientos, totalmente ajenos a que allí mismo, justo junto a ellos, dos personas completamente vulgares y corrientes, dos hormiguitas en el Cosmos, estaban tratando acerca del más increíble de los temas L.. ], Dios no interesa. O interesa a poquísimas personas [...]. No, no hablo de creer o no en Dios. Me estoy refiriendo a algo que algunas personas -poquísimas- expresan: la experiencia de Dios en esta vida [...]. Sería muy triste que Dios, para nosotros, fuera solamente un concepto. Se puede tener fe en un concepto, pero pienso que no se puede amarlo. Creo que sería maravilloso que pudiéramos experimentar a Dios, en lugar de limitarnos a creer en su existencia [...]. Hace poco tiempo, una monja carmelita descalza se asomó a la pequeña pantalla y habló de Dios. Para mí, aquello fue algo increíble, hablaba de Dios como si estuviera enamorada de él. He visto a muchos sacerdotes, algunos de gran rango eclesiástico, aparecer en televisión. Hablan de la LOAPA, de la LODE, del aborto, de la familia cristiana, de la diótesis, del Tercer Mundo... , pero no hablan de Dios. Es incomprensible, pero casi no hablan de Dios. Hubo una película italiana, bastante antigua, en la que san Fancisco de Asís y no sé qué santa se reunían para hablar de Dios. Y mientras lo hacían se decía que el cielo cambiaba de color y se tornaba muy bello porque estas dos personas estaban hablando sobre el Creador. Por eso he querido escribir este artículo, porque un hombre me detuvo ayer en la calle para hablarme de Dios. El cielo no cambió de color: se trataba de un mediodía muy nuboso y sin atisbos de sol. Pero el hombre que me hablaba del Creador tenía encendida la mirada y una alegría desbordante parecía llenarle plenamente. Y esto es todo lo que quería decir»

JOSE MARíA MENDlOLA
El País 05 de noviembre de 1984).