lunes, 29 de febrero de 2016




De la duda a la certeza:
Legado cartesiano para la humanidad

   
En los estudios que hemos desarrollado en torno al filósofo racionalista del siglo XVII, René Descartes, abordamos el texto de las Meditaciones Metafísicas sobre filosofía primera, donde se demuestra la existencia de Dios, así como la distinción entre alma y cuerpo del hombre[1]. Por ello, en respuesta al estudio de la tercera meditación y siguiendo el orden propuesto al inicio de este preseminario alemán, en este texto haré, en primer lugar, un recuento de los argumentos que Descartes desarrolla en esta  meditación para probar la existencia de Dios  y trataré de argumentar una posible objeción a estos argumentos, luego, construiré un intento de respuesta a los interrogantes propuestos para el desarrollo del curso, a saber, ¿Cuáles son los rasgos esenciales del pensamiento de Descartes y su importancia en el desarrollo del pensamiento filosófico occidental?  Y, ¿qué rasgos del pensamiento cartesiano permiten comprenden el propósito de la filosofía según Descartes? 

1. De los argumentos que Descartes desarrolla en la tercera meditación

Con el objetivo de conocer algo más de lo que los sentidos proporcionan, Descartes inicia la tercera meditación metafísica poniendo entre paréntesis todo lo que hasta ahora conoce, esto es, todo lo que el mundo exterior le ha permitido conocer. Esto para afirmar que, en la búsqueda del conocimiento certero, es necesario obviar los sentidos, que son engañosos, y  buscar en aquello de lo cual no puede ponerse en duda su existencia, es decir, su propio ser pensante. Así, una vez abolida la voz de los sentidos y del mundo corpóreo, centra su atención en estudiar “con más diligencia si existen todavía [en mí] otros conocimientos que aún no haya yo divisado”[2], y tal empresa la realiza a partir de las ideas; aquellas que los objetos del mundo corpóreo representan al pensamiento.

Basándose pues en la certeza de su existencia, teniendo en cuenta lo que puede pensarse, es decir, las ideas, y con el ánimo de buscar si existe algo de cierto en ellas,  Descarte las divide en tres grupos: las ideas que él mismo ha hecho, como las quimeras y seres imaginarios, las adventicias o provenientes de fuera, como las sensaciones que a nuestro cuerpo imprimen el calor, el frío, etc.,  y por último las ideas innatas sobre las que volveremos más adelante[3].

A partir de esta clasificación de las ideas, Descartes encuentra, por un lado, que aunque es posible afirmar la existencia de las ideas en sí mismas, al tratar de confrontar con la realidad una idea “hecha por sí mismo” (como la de una sirena, por ejemplo), por más existencia que tenga la idea en sí, ésta al no representar nada de la realidad, no es digna de confianza. Y por otro lado, prueba que las ideas que vienen de fuera son “ímpetus naturales” que en ocasiones le han llevado a elegir la decisión incorrecta, y que podrían ser igualmente creadas por él mismo (como sucede en los sueños) y que, además, al llegar a través de los sentidos son potencialmente engañosas[4]

Quedan, entonces, como único terreno de investigación, las ideas innatas o como el autor las llama en el texto “nacidas conmigo”, para examinar si “hay fuera de mí ciertas cosas, cuyas ideas existen dentro de mí”[5], es decir, Descartes se propone saber si a partir de algunas ideas que al parecer tienen mucha realidad objetiva, se puede deducir  que existe algo más fuera de sí. Y es a partir de ésta motivación que construye los argumentos para probar la existencia de Dios, de los      que presento a continuación un pequeño parafraseo para descubrir, qué son estas ideas innatas y cómo permiten probar la existencia de Dios.

Descartes parte de la relación de causa y efecto, diciendo que una causa debe tener igual o mayor realidad y perfección que su efecto: “es manifiesto, por tanto que debe haber al menos igual realidad en una causa total y eficiente que en el efecto de dicha causa”[6]. Ahora bien, -diría Descartes- yo poseo la idea de un Dios que es infinito, eterno, omnipotente y esta idea “tiene mas realidad objetiva” y por su carácter perfecto resulta  imposible que yo mismo la creara, pues no podría yo, causa imperfecta, crear un efecto (la idea de un Dios perfecto) con tal característica,  por lo tanto, no podría poseer la idea de tal Dios,  sin que una causa con tales perfecciones no la haya puesto en mí que soy un ser finito y menos perfecto que ella.  Y puesto que “las ideas son en mí como unas imágenes; que pueden fácilmente degenerar de la perfección de las cosas de las que han sido tomadas, pero de ninguna manera contener algo mayor o más perfecto”[7],  no pueden ser generadas por mí mismo. Mas aún, “si la realidad objetiva de alguna de mis ideas es tal que esté yo seguro de que ella no existe en mí ni formal ni eminentemente, y de que por lo tanto no puedo ser yo mismo la causa de tal idea, se sigue necesariamente que yo no soy el único que existe, sino que existe alguna otra cosa que es la causa de dicha idea”[8] Es, entonces esta  causa a lo que Descartes llama Dios.

Acéptese todo lo anterior tenido en cuenta que, las ideas innatas son para Descartes aquellas ideas que, por un lado, no tienen su origen ni en la experiencia ni en la imaginación (pues no pueden ser creadas por el hombre mismo), y por el otro, son aquellas que aparecen al pensamiento de una manera clara y definida como por ejemplo la idea de Dios.

Visto de una forma más general, el argumento de Descartes para probar la existencia de Dios podría resumirse en las siguientes proposiciones:

Pienso luego existo. Es decir, del hecho de que tenga la capacidad de pensar y dudar de las cosas eso quiere decir que evidentemente existo, y si además de mi existencia, en mi pensamiento concibo la idea de un Dios con características que superan lo que yo mismo podría pensar, de ahí puedo deducir entonces que existe un Dios que me ha creado y ha puesto en mí tales ideas de perfección. “Toda la fuerza del argumento consiste en admitir que no puede ser que yo exista, siendo de tal naturaleza como soy, a saber, teniendo en mi la idea de Dios, si Dios no existiera también en realidad”[9]  

1.1. Posibles objeciones.

Considero que todo este argumento para probar la existencia de Dios, a partir de la propia existencia, pierde un tanto su validez en la medida en que afirmemos que el hombre puede elevar a la “n” potencia cualquier virtud, tamaño, espacio, etc., y que esto lo puede hacer mentalmente a partir de una imagen corpórea. Así por ejemplo, si vemos un hombre y pensamos en la idea de un hombre gigante y que además vuele, he aquí que la imagen se aparece a nuestra mente. O si vemos a alguien que regularmente actúa de tal forma que lo podemos calificar como bueno,  nos imaginamos, a partir de este, a otro alguien que haga cosas aun más buenas, y he aquí que, aunque inexistente, la imagen de este ser supremamente bueno se aparece en la mente. Si bien estas podría ser lo que Descartes llamó “las ideas hechas por mi” esto no contraria la idea de que una perfección que no está en nosotros pueda ser inventada por nosotros a partir de la imperfección o realidad de la cosa, es decir, jamás hemos visto un hombre gigante al igual que jamás hemos visto la omnipotencia de Dios, pero sí podemos hacer que las cosas que conocemos en la realidad, a través de la imaginación la posea, mas aún, en realidad no podemos conocer lo bueno pero constantemente hacemos juicios de valor a ciertas cosas, acciones y hechos, calificándolos como bueno… y a partir de estas cosas que reconocemos como buenas bien podríamos hacernos la idea de un ‘hacedor del bien supremo’, que no solo haga una cosa buena sino que sea infinitamente bueno y ponerle el nombre de Dios.  

A partir de lo anterior, la  idea de Dios podría no ser más que una proyección al infinito de las virtudes que vemos en nosotros o en otros hombres. Quizá podamos interpelar a Descartes diciendo que, si de la existencia del hombre se deduce la existencia de Dios, pues este es quien puede concebirlo, sería de esperarse que este Dios no fuera más que la construcción imaginaria del hombre hecha a partir de sí mismo. Si yo soy bueno Dios es infinitamente bueno, si soy paciente Dios tiene que ser infinitamente paciente. Y entonces cuando Descartes dijo “tiene mas realidad objetiva la idea por la que concibo a un Dios como un ser eterno infinito […] que aquellas por las que se representan las sustancias finitas”[10] esta hablando de realidad objetiva de un modo confuso y abstracto ¿Qué seria esa realidad objetiva, que ni siquiera es tomada de la realidad ni mucho menos de la imaginación? Más aun ¿que serían las ideas innatas?… por que al parecer descartes toma lo infinito como lo supremo y por ello como cierto, y si creemos en lo que hemos dicho hasta aquí esto nos resultaría falaz. Puestas así las cosas tendríamos que decir que la existencia de Dios al depender de lo que yo puedo pensar de Él la convierte en un simple imaginario del hombre, una proyección al infinito de las facultades humanas, una serie de ideas hechas por el hombre, y no una idea innata, pues igual éstas no se pueden sostener en que han sido puestas por alguien con las misma perfección, por que hemos dicho aquí que estas perfecciones pudieron hacer sido puestas por el hombre a Dios.


 2. Sobre la importancia del pensamiento de Descartes y el posible propósito de la filosofía según él           

Al comienzo de este escrito hacía referencia a los estudios que hemos realizado a lo largo del semestre sobre René Descartes y llegados a este punto considero pertinente pasar a dar respuesta a las preguntas  sobre la importancia del pensamiento cartesiano para la filosofía y sobre lo que significó la filosofía como disciplina para él, confiando en que mis interpretaciones no irrespeten en lo mas mínimo la posición real del autor en cuestión.

 2.1 ¿Cuáles son los rasgos esenciales del pensamiento de Descartes y su importancia en el desarrollo del pensamiento filosófico occidental?

Teniendo como base mis conocimientos en Descastes, quisiera señalar los siguientes rasgos y aportes que considero fueron fundamentales para la filosofía occidental: 

En primer lugar, Descartes a lo largo de su reflexión filosófica, dice que, para la construcción certera y asertiva de las ciencias, no se debe confundir lo que es claro y evidente con lo que son tan solo conjeturas más o menos probables. Esto quiere darnos a entender una nueva definición de verdad, donde se plantea que lo verdadero es aquello que está por encima de toda duda, aquello de lo que se está absolutamente seguro.

Y, en segundo lugar, sostiene que, para construir conocimiento científico, es necesario generar una desconfianza en la autoridad, esto es, la duda, que se sobrepone a todo saber establecido. Ésta no tiene por objeto eliminar las verdades anteriores, ni caer en el escepticismo radical, es decir, en el rechazo a todos los prejuicios y todas las creencias que se han recibido en herencia de la tradición, sino en dudar de esta para depurarlas de toda falsedad y de esta manera obtener un conocimiento certero de ellas.  

Estos aportes a la filosofía se complementan con la reconocida sentencia “cogito ergo sum” con la que Descartes abre las puertas a una nueva forma de pensar y con esto a una nueva etapa de la filosofía: la modernidad. Ya que todo su esfuerzo argumentativo propone a la humanidad la búsqueda de aquello “claro y distinguido” para lo cual es necesario dudar primero. Es un “método” que consiste en examinar mis creencias y aprendizajes y omitir aquellos que sean dudosos o confusos”, el objetivo es encontrar lo cierto. Fue precisamente la búsqueda de este objetivo lo que trajo como consecuencia, una intensificación de la actitud dubitativa de la humanidad, así, con la afirmación, de que del pensar del hombre se deduce su existencia se abrieron las puertas a la subjetividad.
Por eso, en El discurso del método, las  reglas para la dirección del espíritu y  Las meditaciones Metafísicas,  al poner en duda todo cuanto existe, Descartes parece estructurar las dudas que las personas deben tener ante los conocimientos antiguos, impuestos muchas veces como dogmas. Es una nueva forma de ver el mundo; con una actitud escéptica que permitió al hombre preguntarse en cuanto a todo lo que existe, mas aún criticar y cuestionar las creencias y dogmatismos de la época. Es una actitud que hemos heredado de filósofos escépticos como Descartes y que nos ha permitido dejar ver el mundo, las normas, leyes y creencias como algo natural, para cuestionarnos libremente sobre nuestra existencia.
 2.2 ¿Qué rasgos del pensamiento cartesiano permiten comprender el propósito de la filosofía según Descartes? 

Creo que el propósito de la filosofía según Descartes debe entenderse a partir de  la duda cartesiana. Es decir, el objetivo de la filosofía debe ser el cuestionamiento incansablemente de todo cuanto existe y sucede en la historia de los seres humanos, esto, por supuesto, con miras a la búsqueda de la certeza de las cosas.  Es por eso que en una clase de preseminario alemán, cuando se afirmaba que la filosofía, por ser meramente conceptual, no tiene cabida en la sociedad y en el campo laboral,  interpelaba diciendo que la filosofía, al ser la que nos ayuda a estructurar el pensamiento, debe llevarnos a cuestionarnos sobre las diferentes situaciones sociales y no solo referirnos a éstas de manera distante, sino proponer nuevas cosas que permitan el desarrollo de la sociedad, a partir de los conceptos. Esta la razón por la que el filósofo cuestiona incansablemente: para poder encontrar algo cierto en todos los campos: científicos, tecnológicos, intelectuales y de esta manera contribuir en el desarrollo social.

Es por eso que tales cuestionamientos deben iniciar por nuestra educación. Así por ejemplo, un estudiante de filosofía tendría que estar preguntándose, por ejemplo, de qué le pueden servir los contenidos ofrecidos por la universidad… un filosofo moderno debe desarrollar una actitud interrogativa, pues ¿de qué le sirve a la sociedad un filosofo que no sea capaz ni siquiera de pensar su propio contexto?  Es por eso que, creo que al estructurar la duda como un elemento útil para la búsqueda del conocimiento certero Descartes nos brindó la posibilidad de criticar el sistema, y con ella legó a la humanidad la posibilidad de pensar y cuestionar el mundo, para que ese “pienso luego existo” tenga un verdadero sentido traduciéndose en un “dudo luego soy filósofo”, y de aquí a “tengo la certeza, luego actúo.”

 Andrés Saldarriaga Rios
 UPB



[1] DESCARTES René (1641) Meditaciones Metafísicas. Traducción de José Antonio Migues. Edición electrónica de www.philosophia.cl. Escuela de Filosofía de ARCIS. (P 22-31)
[2] Ibíd. p. 22.
[3] Cfr. Ibíd. p 32.
[4] Cfr. Ibíd. p. 24
[5] Ibíd. p. 25.
[6] Ibíd. p.25.
[7] Ibíd. p. 26.
[8] Ibíd. p. 26.
[9] Ibíd. p.31.
[10] Ibíd. p.25. 

Religión dentro de los limites de la razón: E. Kant



RELIGIÓN DENTRO DE LOS LÍMITES DE LA RAZÓN:
E. KANT
No es necesario elaborar un argumento extenso para probar la importancia que tiene el estudio y el análisis detenido del pensamiento kantiano con respecto a la Religión. Pero lo que sí es importante señalar es que esta forma de pensar no debe ser estudiada de modo aislado de la historia y la realidad que albergó y permitió el desarrollo de uno de los más importantes y sistemáticos pensamientos de la época moderna, del último período de la Ilustración y de la filosofía universal. Por ello trataré de narrar en unas cuantas líneas la biografía y el contexto en que surgió el filósofo alemán Emmanuel Kant.  

Desde finales del siglo XVII y principios del XVIII se extendió por Alemania el pietismo como protesta contra la ortodoxia religiosa en el que predominaban las formas dogmáticas frente a la vivencia de la fe y fue precisamente en el seno de una doctrina pietista en la que nacería Emmanuel Kant el 22 de abril de 1724 en Königsberg; doctrina que además alimentó la fe del pequeño Kant durante varios años en Collegium Fridericianum donde inició sus estudios.
En el año de 1740 Kant ingresa en la facultad de filosofía de la Universidad de Königsberg donde predominaba la filosofía racionalista de Christian Wolff, corriente que de igual forma influirá mucho en su pensamiento filosófico. Quizá fue por este ambiente pietista-religioso y esa influencia racionalista, las que entre muchas otras motivaron y movieron el carácter de Kant para criticar tanto las realidades socio-culturales (como es el caso de su texto La ilustración) y religioso-morales.   
Entre sus obras mas importantes están la "Kritik der reinen Vernunft" (Crítica de la razón pura), los Prolegómenos para toda metafísica futura, Crítica de la razón práctica, La metafísica las costumbres y La religión dentro de los límites de la mera razón sobre la que volveremos a continuación para hacer una síntesis.
La religión según Kant

Kant en la cuarta parte de su texto La Religión dentro de los límites de la mera Razón que lleva como título “Del servicio y el falso servicio bajo el dominio del principio bueno o de Religión y clericalismo” se pregunta cómo debe entenderse la religión y como debe ser el actuar del hombre a partir de ella. Así podemos afirma que la reflexión kantiana entorno a la religión debe entenderse respondiendo a dos de las preguntas fundamentales de su sistema filosófico, a saber,  ¿qué puedo hacer? y ¿qué puedo esperar?... es por ello que, en relación a estas dos preguntas, en ese comentario centraré mi atención en definir tanto el termino religión y su relación con la moral y consecuentemente afirmaré lo que es según Kant el verdadero servicio a Dios.

En primer lugar Kant define la religión como “el conocimiento de todos nuestros deberes como mandamientos divinos” y consiguientemente identifica dos tipos de religión, a saber, la Religión revelada, que es aquella en la que se sabe de ante mano que algo es un mandamiento divino y que por tanto quien la acoge solo debe adoptarla como deber suyo; y la Religión natural, que es por el contrario aquella en la que se ha de saber primero que algo es deber, antes de que pueda reconocerlo como mandato divino. Y consiguientemente trata de examinar la calidad de la Religión a través de los términos de Religión erudita y religión natural.  De esta última afirma que se da por medio de la Razón, pues ella puede convencer a cualquier persona de la creencia  religiosa a través de razonamientos.  Mientras que una Religión revelada lo que busca es convencer por medio de la erudición. No obstante, en pocas palabras lo verdaderamente relevante para Kant en una religión es que esta pueda ser comunicable. Y así mismo señala que aunque una religión sea revelada, también tiene principios de una Religión natural. Por ello toma como ejemplo al Cristianismo ya que éste puede ser concebido como Religión natural y como Religión erudita.

Podríamos afirmar que el Cristianismo, en tanto Religión natural y en la medida en que se vale de la razón para constituirse como tal, promulga y afirma hechos que están probados como reales y que se valen por sí mismos para demostrarse empíricamente. Hechos como los milagros que Cristo realizó; por medio de ellos la iglesia invisible se hace evidente en la sensibilidad de los seres humanos y de esa manera la religión cristiana se basa en hechos que son expresados y llevados a cabo presumiendo de ser empíricos y demostrables y atestiguados en el Nuevo Testamento (un registro escrito que lo certifica como religión revelada). Dando un salto mas allá de lo que en si misma significa la religión cristiana Kant afirma que esta no necesita otra certificación que su Razón misma y puede en esa medida ser propuesta a todos los seres humanos. Y esta afirmación está relacionada con el enfoque moral que Kant da a la región cristiana (y a cualquier otra religión)

Habíamos citado que para Kant la religión es el conocimiento de todos los deberes como mandamientos divinos, y esto es por que la religión en Kant y más propiamente la religión cristiana, debe ser una fuente de máximas universales que posibiliten un comportamiento moralmente aceptable bajo el principio bueno. Es por ello que se vale de las máximas y sentencias principales de los evangelios para hablar de la posibilidad de la religión cristiana en los límites de la razón, o mejor, dentro de los límites de la realidad y la experiencia posible. Lo que se contrapone a la pretensión de analizar elementos suprasensibles, a modo de como se dan las cosas en la experiencia, y de esa manera, creer que se puede tener un trato directo con Dios; esa falsa pretensión es lo que Kant califica como Fanatismo. Dicho trato directo con Dios no es posible en la medida en que algo así se escapa de toda facultad humana por ello Kant argumenta que aunque sabemos que existen tales elementos pertenecientes al mundo inteligible, ello no significa que podamos tener un trato directo con esos elementos, esto es imposible, porque es algo que se escapa a la razón y que, por ende,   traspasa los límites de la experiencia posible.

De esta manera, poniendo en términos prácticos los máximas religiosas,   Kant habla de un verdadera y un falso culto a Dios. En síntesis: el falso culto es aquel donde solo hay ritos externos, revelaciones, y acciones rituales vacías de praxis, y donde no existe ningún cumplimiento del deber como mandato. Se trata de un culto externo pero sin repercusiones en la vida práctica.

El complemento de la gracia

“Aunque el Reino de Dios comienza aquí –en este tiempo- éste no tiene fin…”

Si bien uno de los principales objetos de la religión, quizá uno de los frutos,  es el de aportar normas y valores que permitan la convivencia sana y fraterna, la verdadera razón de ser de una religión radica en establecer una relación que definitivamente trasciende los limites de lo que Kan llama la experiencia posible. 

Con esta humilde hipótesis, hago referencia del asunto de la gracia divina. Que la humanidad ante una máxima o imperativo categórico como compórtate de tal modo que tu modo de actual se convierta en una ley universal, asumiera tal disposición de apertura y respeto por el otro permitiendo una convivencia efectiva y fraterna. No obstante, es necesario considerar la naturaleza humana no como una maquina programable ante el deber ser sino como un conjunto de razón, sentimientos y sobre todo pasiones; hablo del ser egoísta. 

Es este ser quien ante el debe ser no solo necesita de un precepto sino, y sobre todo de la gracia, de un don, de una fuerza o energía especial para actuar de tal forma. Considero que para el ser religioso antes que la norma está la experiencia de lo divino. Es eso lo que el Maestro, como Kant llama a Jesús, trató de enseñar  al resignificar las leyes judías diciendo en repetidas veces, “habéis oído que… más yo os digo” (Mt. 5, 27ss) y este “mas yo os digo” compromete, (si pudiera usar la expresión), de un modo más trascendente la manera de proceder, pues implica una disposición que parece no poder realizarse por medio de intenciones meramente humanas. Es decir, si antes le ley judía decía no adulterarás Jesús propone la norma no ya como algo venido de fuera e impuesto o como una mera norma de convivencia sana, sino como una intención del corazón “quien desee a una mujer ya pecó con ella en su corazón” es un pecado que se contempla y se da en el ámbito sentimental del hombre, allí donde las normas no pueden causar mella ni prevención alguna… es del corazón donde el hombre debe arrancar primeramente el pecado, cosa que no puede lograrse por otro medio mas que por el de la gracia esa gracia que permite no solo asumir el Reino de Dios en este ámbito material y espacio temporal sino esperar en uno que no tiene final.

ANDRÉS SALDARRIAGA RÍOS
2011

BIBLIOGRAFIA
Immanuel Kant; La Religión dentro de los límites de la mera Razón Introducción, traducción, prólogo y notas de Felipe Martínez  Marzoa, Alianza Editorial, Madrid, 2007.Biografía de: http://www.webdianoia.com/moderna/kant/kant_bio.htm


EL HOMBRE: Esencia de la religión, esencia de todo


EL HOMBRE:
 Esencia de la religión, esencia de todo

En medio de la reflexión y el análisis filosófico de los aspectos que permean la existencia humana, la religión ha merecido un serio y atento examen crítico que ha permitido ir descubriendo su utilidad o inutilidad en la comprensión de la vivencia concreta del ser humano. Al hacer un recorrido a través de las diferentes reflexiones generadas en torno a ella, ha de observarse cómo poco a poco ha ido declinando, aunque no efectiva, pero sí conceptualmente tanto en el mundo de la filosofía de la sospecha como en la perspectiva empirista. Una vez sometida a un examen critico  y analizada bajo la perspectiva racional, y luego de habérsele “desenmascarado” y sorprendido en su inutilidad para la vida práctica del ser humano, la misma humanidad ha sido testigo de su inminente transformación desde los ideales griegos de dioses poderosos hasta las concepciones actuales de la religión como un mero factor humanizador (o deshumanizante) de las conciencias individuales, como alienación, tradición… Esta progresiva transformación de la religión en el ámbito intelectual que sucede paralelamente a la transformación del ser humano, requiere de una reflexión, un estudio y de ser posible un replanteamiento.

Para dar inicio, he usado este epígrafe con el cual doy pie a una de estas argumentaciones en contra de la religión. Será esta la propuesta de Ludwig Feuerbach de una religión antropológica.  Invito pues a continuación a entrar en el estudio de esta crítica que es planteada desde una perspectiva netamente  antropológica y que termina convirtiéndose en una especie de religión antropológica. Como lo preconiza el mismo epígrafe, para este estudio tomaré la propia historia del autor como punto de partida.

1. Sobre el autor

La historia nos cuenta que desde su infancia Ludwig Feuerbach estuvo inmerso en un contexto netamente religioso; nace en 1804 y pasa sus primeros años de vida en el seno de una familia pietista[1]-protestante. Llegado a su juventud se decide por el estudio de la teología, proyecto que marcaría el comienzo de una vida como predicador protestante, pero que no durará mucho al verse truncado, por dos razones que considero fundamentales para comprender en principio el pensamiento de Feuerbach. La primera es la profunda insatisfacción que dejó en el espíritu de Feuerbach la teología sobre su deseo inquisitivo de reflexionar sobre la realidad concreta; y la segunda se debió a un encuentro impactante que transforma fuertemente su manera de pensar: Feuerbach conoce y se hace discípulo –aunque solo por un tiempo- de Hegel. Es este el suceso que marcará su segundo “pensamiento”: la razón. No obstante, esta relación llega a su término debido a lo que podríamos llamar los primeros visos de materialismo en Feuerbach. Como una primera señal de desapego a Hegel, Feuerbach elabora una fuerte crítica a la concepción de ser del conceptualismo de éste, catalogándolo como abstracto y vacío, y proponiendo una nueva forma de comprenderlo: el ser es la raíz y el fundamento del pensamiento. Para Feuerbach el ser es aceptado y asido por nosotros de manera real y objetiva por medio de la intuición, la experiencia y la sensibilidad, no por medio de las especulaciones filosóficas (Cfr. Cabada Manuel, pp. 8-16).

Es esta definición de ser como algo que posibilita el conocimiento de la verdad en sí mismo prescindiendo de todo prejuicios filosóficos, lo que señala el inicio de su nueva interpretación de la verdad: el nuevo ser, el único ser real y objetivo, el ser humano. De esta forma podríamos imaginar a Feuerbach haciéndose la pregunta de ¿cómo entender la religiosidad del hombre?,  pero la respuesta cambia de tono respondiendo no como sino por medio de quien, a saber, por medio del el hombre mismo, pues es este el ser  concreto que la experimenta. 

Es por ello que para analizar de manera más cercana la idea de hombre como centro dentro del pensamiento de Feuerbach, propongo primero la reconstrucción de su argumento antropológico, partiendo del interrogante por el concepto mismo de hombre; luego continuaré con el tema de la religión y la propuesta de una nueva religión antropológica; y, finalmente, expondré una selección de afirmaciones y frases donde se manifiesta de manera más pura tanto la definición como la crítica feuerbachiana a todo tipo de religión y especialmente al cristianismo. Todo ello lo haremos a la luz de uno de sus más importantes textos: La esencia del cristianismo (Das Wesen des Christentums), haciendo la salvedad de que mí interés, más que estudiar a Feuerbach, es analizar la  posibilidad de una religión antropológica y exponer una visión de la concepción antropológica de la misma. (Plan que llevaré a término en mi trabajo final). 

2. El hombre: fundamento de la religión

El principio esencial de mi libro [2] consiste en que únicamente el amor incondicional  y total del hombre, el amor que tiene en sí mismo su dios y su cielo, es la verdadera religión
Con esta referencia se ha de notar que el aspecto fundamental del pensamiento de Feuerbach es el reconocimiento del hombre como centro y punto de partida para la comprensión de todas las realidades de carácter trascendente (y por supuesto las “objetivas-terrenales”). ¿Por qué? ¿Qué entiende Feuerbach por el concepto hombre?
Feuerbach comienza por hacer una descripción del hombre en distinción con el animal. Para él el hombre es un ser conciente, entendiendo la conciencia como el hecho de que un sujeto tenga por objeto su propio género, su propia esencialidad y como la facultad de percibir su propia esencia, la esencia de su propio género. Dicho de otra forma, el hombre es definido como un ser consciente de su humanidad y más aún conciente de su propia esencia, es decir un ser autoconsciente. Por esta conciencia de humanidad el hombre es concebido por Feuerbach como un ser abierto a su especie, y al cual no se le puede comprender fuera de  su género.
Una vez expuesta la diferencia hombre/animal a través del uso de la conciencia que el primero tiene de su mismo género, hemos de dar un paso más en Feuerbach y considerar no sólo la consciencia del ser humano, sino una parte de esta que es esencia: la conciencia de infinitud. A este respecto dirá Feuerbach: “en la conciencia de lo infinito, el hombre conciente tiene por objeto la infinitud de su propia esencia.” (EC. p. 57)
Es de gran importancia llamar la atención sobre este momento de la argumentación, puesto que es precisamente el hecho de ser conciente de la esencia el principio fundamental de la religión. La esencia es tan importante en Feuerbach como el espíritu para Hegel puesto que así como para este último el espíritu es el que permite el despliegue de lo absoluto, en Feuerbach la esencia de la humanidad es la materia prima para el acercamiento a la realidad de lo trascendente, de lo infinito, pues aquello que llamamos trascendente no es más que la propia esencia objetivada. Además, es a partir de la definición de la esencia que sabremos porqué es tan importante el hombre, o mejor, la humanidad para Feuerbach. Por ello, hemos de preguntarnos: ¿cuál es esta esencia? Pues bien, la esencia de la humanidad, dice Feuerbach, la constituyen “la razón, la voluntad, el corazón”. Ellas tres son, según Feuerbach, el fundamento de toda la existencia del hombre. Se desenvuelven de modo irresistible y en todos los aspectos de su vida. El poder que todos los objetos ejercen sobre el hombre es sólo el poder de cualquiera de estas esencias objetivado en ellos. De esta manera el ser absoluto, e infinito considerado por el hombre no representa más que la misma esencia del hombre llevada a su punto culmen y objetivada fuera de sí. Feuerbach señala que siendo el sentimiento como una especie de receptor de lo divino o un órgano para percibir y “experimentar” lo religioso, entonces, el mismo hecho religioso queda sorprendido como un producto del mismo sentimiento humano. No obstante, la procedencia de lo divino desde la misma esencia del hombre, este busca (erróneamente para Feuerbach) objetivarla y ponerla fuera de sí: en Dios; y para mayor error busca esa, su misma esencia fuera de sí por medio de la religión.

Es por ello que he declarado al principio de este texto que el hombre constituye la esencia de la religión, la esencia del cristianismo, pues  como es de notarse para Feuerbach la religión no tiene otro origen más que el mismo hombre. Es por tanto que su pensamiento merece ser llamado antropología de la religión. Ya que pone al hombre mismo como el responsable del hecho religiosos en la humanidad.   Además he dicho “esencia de todo”  porque de igual forma el planteamiento feuerbachiano tiene un sentido de carácter “epistemológico” que asume la esencia del hombre como lo definitivo: “por el objeto conoces tú los hombres; en el te aparece su esencia; el objeto es su esencia revelada, su yo verdadero, objetivo” (EC 56), dicho de otra forma, de la esencia  del hombre (razón, voluntad, corazón) depende la significación del objeto, de ellas proviene la ilusión de lo divino, de lo religioso… 

Queda mucho que exponer y discutir con respecto a esta explicación de la religión de modo antropológico. Pero para proporcionar de manera más pura la perspectiva del autor, presento a continuación una suerte de antología de su crítica.

3. Antología: la crítica feuerbachiana

3.1 De la religión

“La religión es la revelación solemne de los tesoros ocultas del hombre, la confesión de sus pensamientos mas íntimos, la declaración publica de sus secretos de amor”  (EC. p 65)

“El hombre objetiva en la religión su esencia secreta.” (EC p 85)

“Cada progreso de la religión representa… un conocimiento de si mismo mas profundo” (EC. p 65)
“La religión, por lo menos la cristiana, es la relación del hombre consigo mismo, o, mejor dicho, con su esencia…” (EC. p 66)
“La religión niega, además, que lo bueno sea una cualidad del ser humano; el hombre es malo, corrompido, incapaz para el bien; solo Dios es bueno, es el mismo bien” (EC p 78)

“La religión es la escisión del hombre consigo mismo” (EC p 85)

“La religión… es la negación del mundo” (EC p 117)

“El cristianismo se llama a si mismo la religión del amor, pero o es la religión del amor, sino la religión del egoísmo sobrenatural y espiritual, de la misma manera que el judaísmo es la religión del egoísmo mundano y terreno” (Cabada Manuel p. 48)

3.2 De Dios

“Dios es la esencia del hombre propia y subjetiva, separada e incomunicada…” (EC p 81)

“La conciencia de Dios es l autoconciencia del hombre, y conocimiento de Dios, el autoconocimiento de Dios” (EC, p 65)

“Cuanto mas subjetivo y humano es Dios, tanto mas enajena el hombre su propia subjetividad, por que Dios es en y por si su yo alienado que se recupera de nuevo simultáneamente”

“Dios es… el punto matemático de la religión” (EC p 95) 

“Dios, como ser extramundano no es más que la esencia del hombre retraída del mundo hacia si misma, liberada de todos los lazos y vinculaciones con el mundo…”

4. Comentario

Por el momento me limitaré a aceptar la crítica a la religión de Feuerbach como proyección de la esencia humana en el sentido de que considero al ser humano como un ser completamente capacitado para ser, y por supuesto, para ser más. Es un ser que si bien podría proyectar sus virtudes en algo que esta fuera de si puede y debe necesariamente acceder a tales virtudes pero sin desprenderse de la trascendencia que impregna cada uno de los aspectos de su ser metafísico.    

Universidad Pontificia Bolivariana
Wilder Andrés Saldarriaga Ríos
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BIBLIOGRAFÍA

CABADA, Manuel. El Humanismo Pre marxista de L. Feuerbach. Biblioteca de autores cristianos: Madrid. MCMLXXV pp. 3-29
KÜNG, Hans. ¿Existe Dios? Ediciones cristiandad, Madrid 1979 pp. 267-304
FEUERBACH, Ludwig. La esencia del cristianismo. Madrid, trota, 1995




[1] Quisiera hacer la aclaración de lo que en realidad debemos entender por pietismo, pues a veces suele confundirse el termino con el de “piedad extrema”, mientras que el pietismo en realidad es un movimiento religioso protestante iniciado en Alemania en el siglo XVII, principalmente por Philipp Jakob Spener, como reacción evangélica contra el intelectualismo y el formalismo dominantes en las Iglesias luterana y calvinista. Este movimiento propaga o esta basado en la necesidad de vivir una vida moral mente correcta ante Dios y ante los hombre. Es un compromiso religiosos con repercusiones radicalmente morales
[2] Se refiere a la Esencia del Cristianismo, en adelante aquí EC. 

ACTUALIDAD DE LA PREGUNTA POR DIOS:
Dios del hombre y Dios de los filósofos

Las preguntas en torno a la divinidad son tan antiguas como el hombre mismo, y tan actuales como las pregunta por el sentido de la vida humana.  Desde el principio del pensamiento filosófico los conceptos “Dios” y “dioses” han tenido un lugar protagónico en la reflexión. Así, en nuestra época contemporánea el problema se ha desarrollado bajo el criterio de múltiples escuelas filosóficas a veces antagónicas al problema como el empirismo, el pragmatismo, el positivismo, el materialismo dialéctico el existencialismo,  etc., quienes de una u otra forma han actualizado el problema filosófico y, por su puesto, religioso de Dios.  

Preguntas como: ¿Existe Dios? ¿Es importante (útil) Dios para el hombre?,  El fenómeno Dios ¿es problema de la ciencia, la metafísica, la filosofía, la teología? ¿debe ser la religión un fenómeno aislado del pensamiento filosófico? Son solo algunos de los interrogantes que giran alrededor del problema de Dios.

 

En el presente escrito pretendo esbozar de manera sencilla una vía,  quizá dos, para abordar el tema que subyace a la raíz de la cuestión sobre Dios y es ¿Por qué es actual  y vigente la pregunta por Dios? Es decir, ¿dónde se origina y fundamenta la pregunta por Dios y qué la mantiene vigente hoy? Y además, ¿qué diferencia la respuesta filosófica a la pregunta y qué la diferencia de la respuesta de la fe?

1. La vía de aproximación fundamental a Dios: Jacques Maritain
 
En el texto Aproximaciones a Dios el filósofo francés Jacques Maritain señala que el origen de la idea de Dios en el hombre no depende en principio de causas externas a él, pero que no por ello carece de un sentido claro y, si se quiere, antropológicamente explicable. Maritain señala que la idea de Dios en el hombre tiene un carácter primordial doblemente natural: “natural no solo en el sentido de que es de orden racional… sino también en el sentido de que es pre filosófico y procede según el modo natural o por así decir instintivo, de las apercepciones primeras de la inteligencia, anteriormente a toda elaboración filosófica o científicamente racionalizada” (p. 8) dicho de otra manera, la pregunta por Dios, según el autor, hunde sus raíces no en ideales preconcebidos o aprendidos sino en una certeza: la propia existencia, el propio ser. Ahora bien, ¿Cómo procede este  conocimiento natural pre filosófico?

Maritain señala que mucho antes de acceder a cualquier tipo de conocimiento, llámese filosófico o científico, el espíritu humano es capaz de formular unas preguntas y llegar a un conocimiento que resulta ser anterior a toda estructura científica y que es “virtualmente metafísico”  (cfr. p.8) ello constituye la vía de aproximación primordial por la que el espíritu toma conciencia de la existencia de Dios, esta vía depende de la intuición que se proyecta en tres direcciones: la intuición de mi existencia, la intuición de la existencia de las cosas y, como resultado de estas dos, la ubicación de mi existencia ante las cosas, relación que genera en el  yo un sentimiento de amenaza.  Así las cosas el proceder es el siguiente: lo primero es la percepción de la existencia propia delante de las otras cosas y lo segundo es la amenaza,  (que en resumen no es otra cosa que la alarma que encienden las otras cosas al propio ser de perder la vida), es decir el temor a la muerte. He aquí el hombre existente ante la pregunta por la muerte y aferrado a lo que en el hoy de su existir lo mantiene con vida, es decir el mundo quien a su vez carece de un algo que el hombre en sí no puede poseer.  Entonces, se ve a sí mismo el hombre como un ser-con-nada, es decir con necesidad de… y desde allí parte a la búsqueda de un ser-sin-nada, cuya existencia se fundamente en el existir y nada más. Dicho de otra manera es el hombre que ante el vacío y la debilidad de su ser se aventura a la búsqueda de un ser que agregue a su nada lo que le falta.

El resultado de esta vía es la respuesta prefilosófica a la razón de la existencia. Se trata pues de una búsqueda primordial y originaria de responder a la pregunta por Dios ante el abrumador acto de existir, entendiendo el existir como un hecho que antecede a todo conocimiento científico. La pregunta por Dios es, de esta manera, inevitable al espíritu humano, y es, como ya lo aclaró Maritain, prefilosófica, porque subyace a la raíz del propio existir. En consecuencia, si se trata de una pregunta que viene dada con el ser, no solo se remonta a un pasado ancestral de la humanidad, sino que ha sido, es y será el interrogante de todo ser existente, todo ser que comienza y persevera en la existencia.  Esta podría ser entonces una de las razones por las que la pregunta por Dios subsiste hasta hoy.  

Pero esta respuesta ha tenido que irse bifurcando por razones tanto conceptuales como prácticas en dos corrientes que han pretendido estar juntas en ocasiones pero que en últimas permanecen distantes por una discutida brecha construida por la cuestión  fe y razón. Así pues, la respuesta se matiza caracterizando a estos dos grupos: los creyentes y filósofos. ¿Cuál es su distinción?

2. El Dios de los filósofos y el Dios de la fe: Joseph Ratzinger 

El problema no consiste en plantear una distinción radical que separe del todo los dos términos para condenar a uno y aceptar al otro, sino que se trata más bien de enfatizar en unas características que la fe o la religión adhieren o rebasan a la reflexión filosófica sobre Dios. “Así, la contraposición experimentada concretamente entre el Dios de la fe y el Dios de los filósofos, queda finalmente generalizada como contraposición entre Dios de la religión y Dios de los filósofos. Religión es vivencia; filosofía es teoría; correspondientemente, el Dios de la religión es vivo y personal, el de los filósofos, vacío y rígido (Ratzinger p. 10), lo que da a entender que el problema se reduce a la dialéctica entre teoría y práctica, teoría y experiencia. Ahora, ¿no es pues la teoría la explicación esquematizada de los hechos que se confirman en la experiencia? ¿Por qué entonces el Dios de la fe y el Dios de los filósofos se distinguen?

Ratzinger en EL Dios de los filósofos y el Dios de la fe señala una posible respuesta que se  halla al interior de la experiencia humana ante Dios. Así por ejemplo, la historia nos habla de alguno de los grandes teólogos de la Iglesia que en muchas ocasiones fue detenido por sus hermanos de comunidad cuando se disponía a quemar sus propios escritos  de teología por considerarlos “basura” ante el hecho inefable de la experiencia mística fuerte. Caso parecido al de la mayoría de los santos quienes al verse obligados a escribir sobre sus experiencias místicas  tropiezan todo el tiempo con la incapacidad de explicar y por tanto de teorizar sobre la experiencia de Dios. De igual modo sucede al filósofo que avanza hacia la fe. Pascal al término de su vida invocaba con fuerza y quizá desilusión del Dios filosofo diciendo: “Fuego, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el dios de los filósofos y los sabios” (Guardini pp. 46 y 45, 1950)

En efecto,  Ratzinger termina con esta conclusión en cuanto a la relación filosofía-fe: “la filosofía sique siendo más bien como tal lo otro y lo propio a lo que se refiere la fe para expresarse en ella como en lo otro y hacerse comprensible” (Ratzinger, p. 31) pero no por ello resulta inútil su tarea.  Así lo expresaba el hasta ese entonces  Papa Juan Pablo II en su encíclica Fides et Ratitio cuando se refería a la relación fe y razón, decía:  “La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo” (1998 p. 1)  en este apartado se pone de manifiesto entonces la sutil pero importante distinción entre fe y razón; por un lado, la fe se refiere al acercamiento a la divinidad con el objeto de amarle (y el amar es de suyo incomprensible pero posible a la experiencia trascendental del ser humano) y por su parte la razón es el instrumento que conduce al conocimiento, entendiendo éste como el esfuerzo por establecer orden y estabilidad a tal experiencia. Mas la relación sugiere unas mismas  finalidades: tener la experiencia de la verdad (que en el cristianismo se piensa como encuentro con la persona de  Jesús resucitado) y conocer la verdad, y ¿para que esta verdad?  ¿No es acaso para el hombre “pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo o para que pueda dar respuesta  a esa pre-filosófica pregunta que nos señaló Maritain sobre la propia existencia?

 Universidad Pontificia Bolivariana
Wilder Andres Saldarriaga Ríos

Estudios En Filosofia 2015

BIBLIOGRAFIA

GUARDINI, Romano Christiches Bewusstsein. Versuche über pascal, Munich 1950. Pp 46-47
JUAN PABLO II, Carta encíclica Fides et Ratio. 1998 P. 1
MARITAIN, Jacques. Aproximaciones a Dios. 1994 p. 7-104
RATZINGER, Joseph. El Dios de la fe y el Dios de los filósofos, 2006 pp. 7-40