Si
Dios sembró lo bueno
¿De
dónde el mal?
“No
me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de
los sin ética.
Lo
que más me preocupa es el silencio de los buenos”. M.L King
En la parábola del trigo y
la cizaña (Mt. 13, 24-52) Jesús lanza una imagen que deja mucho que pensar sobre la realidad del mal y el pecado. Jesús dice que el enemigo del Buen Sembrador (quien
representa al Hijo de Dios) siembra la buena semilla pero un enemigo
siembra la cizaña. Hemos puesto demasiada atención en aquel enemigo y pasado
por alto el detalle previo a su mención. Jesús dice: “Mientras
los hombres (antropous) dormían vino un enemigo”. Si lo notan, la condición de posibilidad para que el enemigo
venga es el sueño de “los hombres”, de la gente de Dios. Dicho de otra forma, la
cizaña nace como consecuencia de un descuido tremendo por parte de los
trabajadores de aquel campo.
Así las cosas, el problema
no es tanto del mal o el enemigo que sabemos que siempre trabaja, sino de la quietud de “los hombres” es decir, la
pereza de los obreros del reino, el descuido interior, la indisciplina, la pereza y en definitiva el estar dormidos ante la vida, el ser inconscientes de la realidad...
Asi pues que, debería ser más
preocupante la quietud de la gente de Dios, de aquellos que dicen: “los buenos
somos más” que la labor constante y aprovechada de los que obran el mal sin dormir.
Lo preocupante es que el enemigo no descansa, los hombres sí, quizá, en eso
consista la cruda dinámica del mal…
Andrés Saldarriaga Ríos
E.B.C.Y.
(1). FRANK, Moshé. La esencia de Israel. Descle Brower: Biblioteca de la Vieja Jerusalén. (pp 38-39)

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