lunes, 29 de febrero de 2016




De la duda a la certeza:
Legado cartesiano para la humanidad

   
En los estudios que hemos desarrollado en torno al filósofo racionalista del siglo XVII, René Descartes, abordamos el texto de las Meditaciones Metafísicas sobre filosofía primera, donde se demuestra la existencia de Dios, así como la distinción entre alma y cuerpo del hombre[1]. Por ello, en respuesta al estudio de la tercera meditación y siguiendo el orden propuesto al inicio de este preseminario alemán, en este texto haré, en primer lugar, un recuento de los argumentos que Descartes desarrolla en esta  meditación para probar la existencia de Dios  y trataré de argumentar una posible objeción a estos argumentos, luego, construiré un intento de respuesta a los interrogantes propuestos para el desarrollo del curso, a saber, ¿Cuáles son los rasgos esenciales del pensamiento de Descartes y su importancia en el desarrollo del pensamiento filosófico occidental?  Y, ¿qué rasgos del pensamiento cartesiano permiten comprenden el propósito de la filosofía según Descartes? 

1. De los argumentos que Descartes desarrolla en la tercera meditación

Con el objetivo de conocer algo más de lo que los sentidos proporcionan, Descartes inicia la tercera meditación metafísica poniendo entre paréntesis todo lo que hasta ahora conoce, esto es, todo lo que el mundo exterior le ha permitido conocer. Esto para afirmar que, en la búsqueda del conocimiento certero, es necesario obviar los sentidos, que son engañosos, y  buscar en aquello de lo cual no puede ponerse en duda su existencia, es decir, su propio ser pensante. Así, una vez abolida la voz de los sentidos y del mundo corpóreo, centra su atención en estudiar “con más diligencia si existen todavía [en mí] otros conocimientos que aún no haya yo divisado”[2], y tal empresa la realiza a partir de las ideas; aquellas que los objetos del mundo corpóreo representan al pensamiento.

Basándose pues en la certeza de su existencia, teniendo en cuenta lo que puede pensarse, es decir, las ideas, y con el ánimo de buscar si existe algo de cierto en ellas,  Descarte las divide en tres grupos: las ideas que él mismo ha hecho, como las quimeras y seres imaginarios, las adventicias o provenientes de fuera, como las sensaciones que a nuestro cuerpo imprimen el calor, el frío, etc.,  y por último las ideas innatas sobre las que volveremos más adelante[3].

A partir de esta clasificación de las ideas, Descartes encuentra, por un lado, que aunque es posible afirmar la existencia de las ideas en sí mismas, al tratar de confrontar con la realidad una idea “hecha por sí mismo” (como la de una sirena, por ejemplo), por más existencia que tenga la idea en sí, ésta al no representar nada de la realidad, no es digna de confianza. Y por otro lado, prueba que las ideas que vienen de fuera son “ímpetus naturales” que en ocasiones le han llevado a elegir la decisión incorrecta, y que podrían ser igualmente creadas por él mismo (como sucede en los sueños) y que, además, al llegar a través de los sentidos son potencialmente engañosas[4]

Quedan, entonces, como único terreno de investigación, las ideas innatas o como el autor las llama en el texto “nacidas conmigo”, para examinar si “hay fuera de mí ciertas cosas, cuyas ideas existen dentro de mí”[5], es decir, Descartes se propone saber si a partir de algunas ideas que al parecer tienen mucha realidad objetiva, se puede deducir  que existe algo más fuera de sí. Y es a partir de ésta motivación que construye los argumentos para probar la existencia de Dios, de los      que presento a continuación un pequeño parafraseo para descubrir, qué son estas ideas innatas y cómo permiten probar la existencia de Dios.

Descartes parte de la relación de causa y efecto, diciendo que una causa debe tener igual o mayor realidad y perfección que su efecto: “es manifiesto, por tanto que debe haber al menos igual realidad en una causa total y eficiente que en el efecto de dicha causa”[6]. Ahora bien, -diría Descartes- yo poseo la idea de un Dios que es infinito, eterno, omnipotente y esta idea “tiene mas realidad objetiva” y por su carácter perfecto resulta  imposible que yo mismo la creara, pues no podría yo, causa imperfecta, crear un efecto (la idea de un Dios perfecto) con tal característica,  por lo tanto, no podría poseer la idea de tal Dios,  sin que una causa con tales perfecciones no la haya puesto en mí que soy un ser finito y menos perfecto que ella.  Y puesto que “las ideas son en mí como unas imágenes; que pueden fácilmente degenerar de la perfección de las cosas de las que han sido tomadas, pero de ninguna manera contener algo mayor o más perfecto”[7],  no pueden ser generadas por mí mismo. Mas aún, “si la realidad objetiva de alguna de mis ideas es tal que esté yo seguro de que ella no existe en mí ni formal ni eminentemente, y de que por lo tanto no puedo ser yo mismo la causa de tal idea, se sigue necesariamente que yo no soy el único que existe, sino que existe alguna otra cosa que es la causa de dicha idea”[8] Es, entonces esta  causa a lo que Descartes llama Dios.

Acéptese todo lo anterior tenido en cuenta que, las ideas innatas son para Descartes aquellas ideas que, por un lado, no tienen su origen ni en la experiencia ni en la imaginación (pues no pueden ser creadas por el hombre mismo), y por el otro, son aquellas que aparecen al pensamiento de una manera clara y definida como por ejemplo la idea de Dios.

Visto de una forma más general, el argumento de Descartes para probar la existencia de Dios podría resumirse en las siguientes proposiciones:

Pienso luego existo. Es decir, del hecho de que tenga la capacidad de pensar y dudar de las cosas eso quiere decir que evidentemente existo, y si además de mi existencia, en mi pensamiento concibo la idea de un Dios con características que superan lo que yo mismo podría pensar, de ahí puedo deducir entonces que existe un Dios que me ha creado y ha puesto en mí tales ideas de perfección. “Toda la fuerza del argumento consiste en admitir que no puede ser que yo exista, siendo de tal naturaleza como soy, a saber, teniendo en mi la idea de Dios, si Dios no existiera también en realidad”[9]  

1.1. Posibles objeciones.

Considero que todo este argumento para probar la existencia de Dios, a partir de la propia existencia, pierde un tanto su validez en la medida en que afirmemos que el hombre puede elevar a la “n” potencia cualquier virtud, tamaño, espacio, etc., y que esto lo puede hacer mentalmente a partir de una imagen corpórea. Así por ejemplo, si vemos un hombre y pensamos en la idea de un hombre gigante y que además vuele, he aquí que la imagen se aparece a nuestra mente. O si vemos a alguien que regularmente actúa de tal forma que lo podemos calificar como bueno,  nos imaginamos, a partir de este, a otro alguien que haga cosas aun más buenas, y he aquí que, aunque inexistente, la imagen de este ser supremamente bueno se aparece en la mente. Si bien estas podría ser lo que Descartes llamó “las ideas hechas por mi” esto no contraria la idea de que una perfección que no está en nosotros pueda ser inventada por nosotros a partir de la imperfección o realidad de la cosa, es decir, jamás hemos visto un hombre gigante al igual que jamás hemos visto la omnipotencia de Dios, pero sí podemos hacer que las cosas que conocemos en la realidad, a través de la imaginación la posea, mas aún, en realidad no podemos conocer lo bueno pero constantemente hacemos juicios de valor a ciertas cosas, acciones y hechos, calificándolos como bueno… y a partir de estas cosas que reconocemos como buenas bien podríamos hacernos la idea de un ‘hacedor del bien supremo’, que no solo haga una cosa buena sino que sea infinitamente bueno y ponerle el nombre de Dios.  

A partir de lo anterior, la  idea de Dios podría no ser más que una proyección al infinito de las virtudes que vemos en nosotros o en otros hombres. Quizá podamos interpelar a Descartes diciendo que, si de la existencia del hombre se deduce la existencia de Dios, pues este es quien puede concebirlo, sería de esperarse que este Dios no fuera más que la construcción imaginaria del hombre hecha a partir de sí mismo. Si yo soy bueno Dios es infinitamente bueno, si soy paciente Dios tiene que ser infinitamente paciente. Y entonces cuando Descartes dijo “tiene mas realidad objetiva la idea por la que concibo a un Dios como un ser eterno infinito […] que aquellas por las que se representan las sustancias finitas”[10] esta hablando de realidad objetiva de un modo confuso y abstracto ¿Qué seria esa realidad objetiva, que ni siquiera es tomada de la realidad ni mucho menos de la imaginación? Más aun ¿que serían las ideas innatas?… por que al parecer descartes toma lo infinito como lo supremo y por ello como cierto, y si creemos en lo que hemos dicho hasta aquí esto nos resultaría falaz. Puestas así las cosas tendríamos que decir que la existencia de Dios al depender de lo que yo puedo pensar de Él la convierte en un simple imaginario del hombre, una proyección al infinito de las facultades humanas, una serie de ideas hechas por el hombre, y no una idea innata, pues igual éstas no se pueden sostener en que han sido puestas por alguien con las misma perfección, por que hemos dicho aquí que estas perfecciones pudieron hacer sido puestas por el hombre a Dios.


 2. Sobre la importancia del pensamiento de Descartes y el posible propósito de la filosofía según él           

Al comienzo de este escrito hacía referencia a los estudios que hemos realizado a lo largo del semestre sobre René Descartes y llegados a este punto considero pertinente pasar a dar respuesta a las preguntas  sobre la importancia del pensamiento cartesiano para la filosofía y sobre lo que significó la filosofía como disciplina para él, confiando en que mis interpretaciones no irrespeten en lo mas mínimo la posición real del autor en cuestión.

 2.1 ¿Cuáles son los rasgos esenciales del pensamiento de Descartes y su importancia en el desarrollo del pensamiento filosófico occidental?

Teniendo como base mis conocimientos en Descastes, quisiera señalar los siguientes rasgos y aportes que considero fueron fundamentales para la filosofía occidental: 

En primer lugar, Descartes a lo largo de su reflexión filosófica, dice que, para la construcción certera y asertiva de las ciencias, no se debe confundir lo que es claro y evidente con lo que son tan solo conjeturas más o menos probables. Esto quiere darnos a entender una nueva definición de verdad, donde se plantea que lo verdadero es aquello que está por encima de toda duda, aquello de lo que se está absolutamente seguro.

Y, en segundo lugar, sostiene que, para construir conocimiento científico, es necesario generar una desconfianza en la autoridad, esto es, la duda, que se sobrepone a todo saber establecido. Ésta no tiene por objeto eliminar las verdades anteriores, ni caer en el escepticismo radical, es decir, en el rechazo a todos los prejuicios y todas las creencias que se han recibido en herencia de la tradición, sino en dudar de esta para depurarlas de toda falsedad y de esta manera obtener un conocimiento certero de ellas.  

Estos aportes a la filosofía se complementan con la reconocida sentencia “cogito ergo sum” con la que Descartes abre las puertas a una nueva forma de pensar y con esto a una nueva etapa de la filosofía: la modernidad. Ya que todo su esfuerzo argumentativo propone a la humanidad la búsqueda de aquello “claro y distinguido” para lo cual es necesario dudar primero. Es un “método” que consiste en examinar mis creencias y aprendizajes y omitir aquellos que sean dudosos o confusos”, el objetivo es encontrar lo cierto. Fue precisamente la búsqueda de este objetivo lo que trajo como consecuencia, una intensificación de la actitud dubitativa de la humanidad, así, con la afirmación, de que del pensar del hombre se deduce su existencia se abrieron las puertas a la subjetividad.
Por eso, en El discurso del método, las  reglas para la dirección del espíritu y  Las meditaciones Metafísicas,  al poner en duda todo cuanto existe, Descartes parece estructurar las dudas que las personas deben tener ante los conocimientos antiguos, impuestos muchas veces como dogmas. Es una nueva forma de ver el mundo; con una actitud escéptica que permitió al hombre preguntarse en cuanto a todo lo que existe, mas aún criticar y cuestionar las creencias y dogmatismos de la época. Es una actitud que hemos heredado de filósofos escépticos como Descartes y que nos ha permitido dejar ver el mundo, las normas, leyes y creencias como algo natural, para cuestionarnos libremente sobre nuestra existencia.
 2.2 ¿Qué rasgos del pensamiento cartesiano permiten comprender el propósito de la filosofía según Descartes? 

Creo que el propósito de la filosofía según Descartes debe entenderse a partir de  la duda cartesiana. Es decir, el objetivo de la filosofía debe ser el cuestionamiento incansablemente de todo cuanto existe y sucede en la historia de los seres humanos, esto, por supuesto, con miras a la búsqueda de la certeza de las cosas.  Es por eso que en una clase de preseminario alemán, cuando se afirmaba que la filosofía, por ser meramente conceptual, no tiene cabida en la sociedad y en el campo laboral,  interpelaba diciendo que la filosofía, al ser la que nos ayuda a estructurar el pensamiento, debe llevarnos a cuestionarnos sobre las diferentes situaciones sociales y no solo referirnos a éstas de manera distante, sino proponer nuevas cosas que permitan el desarrollo de la sociedad, a partir de los conceptos. Esta la razón por la que el filósofo cuestiona incansablemente: para poder encontrar algo cierto en todos los campos: científicos, tecnológicos, intelectuales y de esta manera contribuir en el desarrollo social.

Es por eso que tales cuestionamientos deben iniciar por nuestra educación. Así por ejemplo, un estudiante de filosofía tendría que estar preguntándose, por ejemplo, de qué le pueden servir los contenidos ofrecidos por la universidad… un filosofo moderno debe desarrollar una actitud interrogativa, pues ¿de qué le sirve a la sociedad un filosofo que no sea capaz ni siquiera de pensar su propio contexto?  Es por eso que, creo que al estructurar la duda como un elemento útil para la búsqueda del conocimiento certero Descartes nos brindó la posibilidad de criticar el sistema, y con ella legó a la humanidad la posibilidad de pensar y cuestionar el mundo, para que ese “pienso luego existo” tenga un verdadero sentido traduciéndose en un “dudo luego soy filósofo”, y de aquí a “tengo la certeza, luego actúo.”

 Andrés Saldarriaga Rios
 UPB



[1] DESCARTES René (1641) Meditaciones Metafísicas. Traducción de José Antonio Migues. Edición electrónica de www.philosophia.cl. Escuela de Filosofía de ARCIS. (P 22-31)
[2] Ibíd. p. 22.
[3] Cfr. Ibíd. p 32.
[4] Cfr. Ibíd. p. 24
[5] Ibíd. p. 25.
[6] Ibíd. p.25.
[7] Ibíd. p. 26.
[8] Ibíd. p. 26.
[9] Ibíd. p.31.
[10] Ibíd. p.25. 

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