lunes, 29 de febrero de 2016


ACTUALIDAD DE LA PREGUNTA POR DIOS:
Dios del hombre y Dios de los filósofos

Las preguntas en torno a la divinidad son tan antiguas como el hombre mismo, y tan actuales como las pregunta por el sentido de la vida humana.  Desde el principio del pensamiento filosófico los conceptos “Dios” y “dioses” han tenido un lugar protagónico en la reflexión. Así, en nuestra época contemporánea el problema se ha desarrollado bajo el criterio de múltiples escuelas filosóficas a veces antagónicas al problema como el empirismo, el pragmatismo, el positivismo, el materialismo dialéctico el existencialismo,  etc., quienes de una u otra forma han actualizado el problema filosófico y, por su puesto, religioso de Dios.  

Preguntas como: ¿Existe Dios? ¿Es importante (útil) Dios para el hombre?,  El fenómeno Dios ¿es problema de la ciencia, la metafísica, la filosofía, la teología? ¿debe ser la religión un fenómeno aislado del pensamiento filosófico? Son solo algunos de los interrogantes que giran alrededor del problema de Dios.

 

En el presente escrito pretendo esbozar de manera sencilla una vía,  quizá dos, para abordar el tema que subyace a la raíz de la cuestión sobre Dios y es ¿Por qué es actual  y vigente la pregunta por Dios? Es decir, ¿dónde se origina y fundamenta la pregunta por Dios y qué la mantiene vigente hoy? Y además, ¿qué diferencia la respuesta filosófica a la pregunta y qué la diferencia de la respuesta de la fe?

1. La vía de aproximación fundamental a Dios: Jacques Maritain
 
En el texto Aproximaciones a Dios el filósofo francés Jacques Maritain señala que el origen de la idea de Dios en el hombre no depende en principio de causas externas a él, pero que no por ello carece de un sentido claro y, si se quiere, antropológicamente explicable. Maritain señala que la idea de Dios en el hombre tiene un carácter primordial doblemente natural: “natural no solo en el sentido de que es de orden racional… sino también en el sentido de que es pre filosófico y procede según el modo natural o por así decir instintivo, de las apercepciones primeras de la inteligencia, anteriormente a toda elaboración filosófica o científicamente racionalizada” (p. 8) dicho de otra manera, la pregunta por Dios, según el autor, hunde sus raíces no en ideales preconcebidos o aprendidos sino en una certeza: la propia existencia, el propio ser. Ahora bien, ¿Cómo procede este  conocimiento natural pre filosófico?

Maritain señala que mucho antes de acceder a cualquier tipo de conocimiento, llámese filosófico o científico, el espíritu humano es capaz de formular unas preguntas y llegar a un conocimiento que resulta ser anterior a toda estructura científica y que es “virtualmente metafísico”  (cfr. p.8) ello constituye la vía de aproximación primordial por la que el espíritu toma conciencia de la existencia de Dios, esta vía depende de la intuición que se proyecta en tres direcciones: la intuición de mi existencia, la intuición de la existencia de las cosas y, como resultado de estas dos, la ubicación de mi existencia ante las cosas, relación que genera en el  yo un sentimiento de amenaza.  Así las cosas el proceder es el siguiente: lo primero es la percepción de la existencia propia delante de las otras cosas y lo segundo es la amenaza,  (que en resumen no es otra cosa que la alarma que encienden las otras cosas al propio ser de perder la vida), es decir el temor a la muerte. He aquí el hombre existente ante la pregunta por la muerte y aferrado a lo que en el hoy de su existir lo mantiene con vida, es decir el mundo quien a su vez carece de un algo que el hombre en sí no puede poseer.  Entonces, se ve a sí mismo el hombre como un ser-con-nada, es decir con necesidad de… y desde allí parte a la búsqueda de un ser-sin-nada, cuya existencia se fundamente en el existir y nada más. Dicho de otra manera es el hombre que ante el vacío y la debilidad de su ser se aventura a la búsqueda de un ser que agregue a su nada lo que le falta.

El resultado de esta vía es la respuesta prefilosófica a la razón de la existencia. Se trata pues de una búsqueda primordial y originaria de responder a la pregunta por Dios ante el abrumador acto de existir, entendiendo el existir como un hecho que antecede a todo conocimiento científico. La pregunta por Dios es, de esta manera, inevitable al espíritu humano, y es, como ya lo aclaró Maritain, prefilosófica, porque subyace a la raíz del propio existir. En consecuencia, si se trata de una pregunta que viene dada con el ser, no solo se remonta a un pasado ancestral de la humanidad, sino que ha sido, es y será el interrogante de todo ser existente, todo ser que comienza y persevera en la existencia.  Esta podría ser entonces una de las razones por las que la pregunta por Dios subsiste hasta hoy.  

Pero esta respuesta ha tenido que irse bifurcando por razones tanto conceptuales como prácticas en dos corrientes que han pretendido estar juntas en ocasiones pero que en últimas permanecen distantes por una discutida brecha construida por la cuestión  fe y razón. Así pues, la respuesta se matiza caracterizando a estos dos grupos: los creyentes y filósofos. ¿Cuál es su distinción?

2. El Dios de los filósofos y el Dios de la fe: Joseph Ratzinger 

El problema no consiste en plantear una distinción radical que separe del todo los dos términos para condenar a uno y aceptar al otro, sino que se trata más bien de enfatizar en unas características que la fe o la religión adhieren o rebasan a la reflexión filosófica sobre Dios. “Así, la contraposición experimentada concretamente entre el Dios de la fe y el Dios de los filósofos, queda finalmente generalizada como contraposición entre Dios de la religión y Dios de los filósofos. Religión es vivencia; filosofía es teoría; correspondientemente, el Dios de la religión es vivo y personal, el de los filósofos, vacío y rígido (Ratzinger p. 10), lo que da a entender que el problema se reduce a la dialéctica entre teoría y práctica, teoría y experiencia. Ahora, ¿no es pues la teoría la explicación esquematizada de los hechos que se confirman en la experiencia? ¿Por qué entonces el Dios de la fe y el Dios de los filósofos se distinguen?

Ratzinger en EL Dios de los filósofos y el Dios de la fe señala una posible respuesta que se  halla al interior de la experiencia humana ante Dios. Así por ejemplo, la historia nos habla de alguno de los grandes teólogos de la Iglesia que en muchas ocasiones fue detenido por sus hermanos de comunidad cuando se disponía a quemar sus propios escritos  de teología por considerarlos “basura” ante el hecho inefable de la experiencia mística fuerte. Caso parecido al de la mayoría de los santos quienes al verse obligados a escribir sobre sus experiencias místicas  tropiezan todo el tiempo con la incapacidad de explicar y por tanto de teorizar sobre la experiencia de Dios. De igual modo sucede al filósofo que avanza hacia la fe. Pascal al término de su vida invocaba con fuerza y quizá desilusión del Dios filosofo diciendo: “Fuego, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el dios de los filósofos y los sabios” (Guardini pp. 46 y 45, 1950)

En efecto,  Ratzinger termina con esta conclusión en cuanto a la relación filosofía-fe: “la filosofía sique siendo más bien como tal lo otro y lo propio a lo que se refiere la fe para expresarse en ella como en lo otro y hacerse comprensible” (Ratzinger, p. 31) pero no por ello resulta inútil su tarea.  Así lo expresaba el hasta ese entonces  Papa Juan Pablo II en su encíclica Fides et Ratitio cuando se refería a la relación fe y razón, decía:  “La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo” (1998 p. 1)  en este apartado se pone de manifiesto entonces la sutil pero importante distinción entre fe y razón; por un lado, la fe se refiere al acercamiento a la divinidad con el objeto de amarle (y el amar es de suyo incomprensible pero posible a la experiencia trascendental del ser humano) y por su parte la razón es el instrumento que conduce al conocimiento, entendiendo éste como el esfuerzo por establecer orden y estabilidad a tal experiencia. Mas la relación sugiere unas mismas  finalidades: tener la experiencia de la verdad (que en el cristianismo se piensa como encuentro con la persona de  Jesús resucitado) y conocer la verdad, y ¿para que esta verdad?  ¿No es acaso para el hombre “pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo o para que pueda dar respuesta  a esa pre-filosófica pregunta que nos señaló Maritain sobre la propia existencia?

 Universidad Pontificia Bolivariana
Wilder Andres Saldarriaga Ríos

Estudios En Filosofia 2015

BIBLIOGRAFIA

GUARDINI, Romano Christiches Bewusstsein. Versuche über pascal, Munich 1950. Pp 46-47
JUAN PABLO II, Carta encíclica Fides et Ratio. 1998 P. 1
MARITAIN, Jacques. Aproximaciones a Dios. 1994 p. 7-104
RATZINGER, Joseph. El Dios de la fe y el Dios de los filósofos, 2006 pp. 7-40


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