ACTUALIDAD DE LA PREGUNTA POR DIOS:
Dios del hombre y Dios de los filósofos
Las
preguntas en torno a la divinidad son tan antiguas como el hombre mismo, y tan
actuales como las pregunta por el sentido de la vida humana. Desde el principio del pensamiento filosófico
los conceptos “Dios” y “dioses” han tenido un lugar protagónico en la reflexión.
Así, en nuestra época contemporánea el problema se ha desarrollado bajo el
criterio de múltiples escuelas filosóficas a veces antagónicas al problema como
el empirismo, el pragmatismo, el positivismo, el materialismo dialéctico el
existencialismo, etc., quienes de una u otra
forma han actualizado el problema filosófico y, por su puesto, religioso de Dios.
Preguntas
como: ¿Existe Dios? ¿Es importante (útil) Dios para el hombre?, El fenómeno Dios ¿es problema de la ciencia,
la metafísica, la filosofía, la teología? ¿debe ser la religión un fenómeno aislado
del pensamiento filosófico? Son solo algunos de los interrogantes que giran
alrededor del problema de Dios.
En
el presente escrito pretendo esbozar de manera sencilla una vía, quizá dos, para abordar el tema que subyace a
la raíz de la cuestión sobre Dios y es ¿Por qué es actual y vigente la pregunta por Dios? Es decir, ¿dónde
se origina y fundamenta la pregunta por Dios y qué la mantiene vigente hoy? Y además,
¿qué diferencia la respuesta filosófica a la pregunta y qué la diferencia de la
respuesta de la fe?
1. La vía de aproximación fundamental a
Dios: Jacques Maritain
En el
texto Aproximaciones a Dios el
filósofo francés Jacques Maritain señala que el origen de la idea de Dios en el
hombre no depende en principio de causas externas a él, pero que no por ello
carece de un sentido claro y, si se quiere, antropológicamente explicable. Maritain
señala que la idea de Dios en el hombre tiene un carácter primordial doblemente
natural: “natural no solo en el sentido de que es de orden racional… sino
también en el sentido de que es pre
filosófico y procede según el modo natural o por así decir instintivo, de
las apercepciones primeras de la inteligencia, anteriormente a toda elaboración
filosófica o científicamente racionalizada” (p. 8) dicho de otra manera, la
pregunta por Dios, según el autor, hunde sus raíces no en ideales preconcebidos
o aprendidos sino en una certeza: la propia existencia, el propio ser. Ahora
bien, ¿Cómo procede este conocimiento natural pre filosófico?
Maritain
señala que mucho antes de acceder a cualquier tipo de conocimiento, llámese
filosófico o científico, el espíritu humano es capaz de formular unas preguntas
y llegar a un conocimiento que resulta ser anterior a toda estructura
científica y que es “virtualmente metafísico”
(cfr. p.8) ello constituye la vía de aproximación primordial por la que
el espíritu toma conciencia de la existencia de Dios, esta vía depende de la
intuición que se proyecta en tres direcciones: la intuición de mi existencia,
la intuición de la existencia de las cosas y, como resultado de estas dos, la
ubicación de mi existencia ante las cosas, relación que genera en el yo un sentimiento de amenaza. Así las cosas el proceder es el siguiente: lo
primero es la percepción de la existencia propia delante de las otras cosas y
lo segundo es la amenaza, (que en
resumen no es otra cosa que la alarma que encienden las otras cosas al propio
ser de perder la vida), es decir el temor a la muerte. He aquí el hombre existente
ante la pregunta por la muerte y aferrado a lo que en el hoy de su existir lo
mantiene con vida, es decir el mundo quien a su vez carece de un algo que el
hombre en sí no puede poseer. Entonces,
se ve a sí mismo el hombre como un ser-con-nada, es decir con necesidad de… y
desde allí parte a la búsqueda de un ser-sin-nada, cuya existencia se fundamente
en el existir y nada más. Dicho de otra manera es el hombre que ante el vacío y
la debilidad de su ser se aventura a la búsqueda de un ser que agregue a su
nada lo que le falta.
El
resultado de esta vía es la respuesta prefilosófica a la razón de la
existencia. Se trata pues de una búsqueda primordial y originaria de responder
a la pregunta por Dios ante el abrumador acto de existir, entendiendo el
existir como un hecho que antecede a todo conocimiento científico. La pregunta
por Dios es, de esta manera, inevitable al espíritu humano, y es, como ya lo
aclaró Maritain, prefilosófica, porque subyace a la raíz del propio existir. En
consecuencia, si se trata de una pregunta que viene dada con el ser, no solo se
remonta a un pasado ancestral de la humanidad, sino que ha sido, es y será el
interrogante de todo ser existente, todo ser que comienza y persevera en la
existencia. Esta podría ser entonces una
de las razones por las que la pregunta por Dios subsiste hasta hoy.
Pero
esta respuesta ha tenido que irse bifurcando por razones tanto conceptuales
como prácticas en dos corrientes que han pretendido estar juntas en ocasiones
pero que en últimas permanecen distantes por una discutida brecha construida
por la cuestión fe y razón. Así pues, la
respuesta se matiza caracterizando a estos dos grupos: los creyentes y
filósofos. ¿Cuál es su distinción?
2. El Dios de los filósofos y el Dios de
la fe: Joseph Ratzinger
El problema
no consiste en plantear una distinción radical que separe del todo los dos
términos para condenar a uno y aceptar al otro, sino que se trata más bien de
enfatizar en unas características que la fe o la religión adhieren o rebasan a la
reflexión filosófica sobre Dios. “Así, la contraposición experimentada
concretamente entre el Dios de la fe y el Dios de los filósofos, queda
finalmente generalizada como contraposición entre Dios de la religión y Dios de
los filósofos. Religión es vivencia; filosofía es teoría; correspondientemente,
el Dios de la religión es vivo y personal, el de los filósofos, vacío y rígido
(Ratzinger p. 10), lo que da a entender que el problema se reduce a la dialéctica
entre teoría y práctica, teoría y experiencia. Ahora, ¿no es pues la teoría la
explicación esquematizada de los hechos que se confirman en la experiencia?
¿Por qué entonces el Dios de la fe y el Dios de los filósofos se distinguen?
Ratzinger
en EL Dios de los filósofos y el Dios de
la fe señala una posible respuesta que se halla al interior de la experiencia humana
ante Dios. Así por ejemplo, la historia nos habla de alguno de los grandes
teólogos de la Iglesia que en muchas ocasiones fue detenido por sus hermanos de
comunidad cuando se disponía a quemar sus propios escritos de teología por considerarlos “basura” ante el
hecho inefable de la experiencia mística fuerte. Caso parecido al de la mayoría
de los santos quienes al verse obligados a escribir sobre sus experiencias
místicas tropiezan todo el tiempo con la
incapacidad de explicar y por tanto de teorizar sobre la experiencia de Dios.
De igual modo sucede al filósofo que avanza hacia la fe. Pascal al término de
su vida invocaba con fuerza y quizá desilusión del Dios filosofo diciendo:
“Fuego, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el dios de los
filósofos y los sabios” (Guardini pp. 46 y 45, 1950)
En efecto,
Ratzinger termina con esta conclusión en
cuanto a la relación filosofía-fe: “la filosofía sique siendo más bien como tal
lo otro y lo propio a lo que se refiere la fe para expresarse en ella como en
lo otro y hacerse comprensible” (Ratzinger, p. 31) pero no por ello resulta
inútil su tarea. Así lo expresaba el
hasta ese entonces Papa Juan Pablo II en
su encíclica Fides et Ratitio cuando se refería a la relación fe y razón,
decía: “La fe y la razón (Fides et ratio)
son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la
contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de
conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y
amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo”
(1998 p. 1) en este apartado se pone de
manifiesto entonces la sutil pero importante distinción entre fe y razón; por
un lado, la fe se refiere al acercamiento a la divinidad con el objeto de
amarle (y el amar es de suyo incomprensible pero posible a la experiencia
trascendental del ser humano) y por su parte la razón es el instrumento que
conduce al conocimiento, entendiendo éste como el esfuerzo por establecer orden
y estabilidad a tal experiencia. Mas la relación sugiere unas mismas finalidades: tener la experiencia de la verdad
(que en el cristianismo se piensa como encuentro con la persona de Jesús resucitado) y conocer la verdad, y
¿para que esta verdad? ¿No es acaso para
el hombre “pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo o para que
pueda dar respuesta a esa pre-filosófica pregunta
que nos señaló Maritain sobre la propia existencia?
Universidad Pontificia Bolivariana
Wilder Andres Saldarriaga Ríos
Estudios En Filosofia 2015
BIBLIOGRAFIA
GUARDINI,
Romano Christiches Bewusstsein. Versuche über pascal, Munich 1950. Pp 46-47
JUAN PABLO II, Carta encíclica Fides et Ratio. 1998 P. 1
MARITAIN,
Jacques. Aproximaciones a Dios. 1994 p. 7-104
RATZINGER,
Joseph. El Dios de la fe y el Dios de los filósofos, 2006 pp. 7-40
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