¿Otra vez Semana Santa?
Por: Andrés
Saldarriaga
Escuela Bíblica Católica
Yeshu’a
Año tras año la iglesia
celebra los misterios de la salvación en un ciclo que inicia con el primer
domingo de adviento y termina con la celebración de Cristo Rey; lo que se
convierte para muchos en una rutina repetitiva.
En repetidas ocasiones he escuchado la queja de muchas personas (sobre todo jóvenes) a este respecto. Ellos preguntan: ¿por qué la iglesia repite lo mismo?, ¿qué sentido tiene recordar cada año las mismas cosas, celebrar todo de la misma manera; las mismas procesiones, los mismos ritos, todo lo mismo? Pues bien, creo que la respuesta que puede ayudar a resolver todos estos interrogantes subyace en lo que entendemos por recordar.
En repetidas ocasiones he escuchado la queja de muchas personas (sobre todo jóvenes) a este respecto. Ellos preguntan: ¿por qué la iglesia repite lo mismo?, ¿qué sentido tiene recordar cada año las mismas cosas, celebrar todo de la misma manera; las mismas procesiones, los mismos ritos, todo lo mismo? Pues bien, creo que la respuesta que puede ayudar a resolver todos estos interrogantes subyace en lo que entendemos por recordar.
La palabra recordar viene a
significar para nosotros el mero acto intelectual de traer a la memoria, y solo
a la memoria, imágenes, acontecimientos, lugares, etc. de un pasado próximo o
lejano. Así, cuando decimos, por ejemplo, que
en la semana santa recordamos los misterios pascuales, inmediatamente desempolvamos
en nuestra memoria todo lo que ya sabemos paso con el hijo de Dios “in illo tempore” (en aquellos tiempos)… de tal manera que sí
los acontecimientos vienen a nuestra mente pero de manera abstracta y la verdad
es que no es este el sentido del recordar.
La palabra recordar hace
referencia a volver a pasar por el corazón, (del latín recordari). Algo de esto sabían nuestras abuelas cuando decían “es que recordar es vivir”. De tal modo que
cuando la iglesia invita a recordar los misterios de la vida de cristo, no se
trata simplemente del acto intelectual de traer a la memoria lo que nos han
contado sobre Jesús sino que el espíritu y la iglesia nos quieren lanzar a la
experiencia que hemos llamado conmemoración o actualización de los misterios de
la vida de cristo en nosotros.
Ahora bien, ¿qué significa
actualizar los misterios de la vida de cristo? Esta pregunta la podemos
responder desde la palabra misma, y desde la experiencia celebrativa o litúrgica
del pueblo de Israel para quien la experiencia salvadora de Dios no se trata de
una historia fría del pasado sino de una realidad que acontece y se hace vida
en el momento presente, en el hoy de su existencia.
Cuando el israelita celebra la pascua, por
ejemplo, esa noche se sienta a la mesa como si acabase de llegar del Egipto del
que fueron sacados no solo sus padres sino él mismo. Así lo expresa el libro
del Deuteronomio cuando dice “El Señor nuestro Dios ha concluido con nosotros
una alianza en el Horeb. No concluyó el Señor esta alianza con nuestros antepasados,
sino con nosotros, con nosotros, los que estamos vivos hoy aquí todos vivos”
(5,2-3).
Así pues que, no fue con nuestros antepasados sino con
nosotros. Toda experiencia celebrativa dentro de la iglesia, dentro de la fe,
ha de vivirse con este sentimiento. No fue en el pasado que Dios realizó estos
prodigios, no fue en el pasado que Dios sacó de Egipto, alimentó con el mana,
dio de beber en el desierto. No fue en
el pasado que Dios se encarnó, que hizo portentos por medio “de su santo siervo
Jesús”, no fue en el pasado que murió y resucitó, ni fue en el pasado que envió
su espíritu, es hoy que el Señor Yahve, bendito sea, (el que fue, es y será)
realiza estas cosas entre nosotros.
Hace algunos años mientras
estaba en un retiro y después de algún largo tiempo de haber aceptado del señor
el llamado a la predicación, me descubrí en una total insensibilidad ante el
misterio de la cruz, decía en mi interior “¡Sí! que bello que Dios haya muerto
por todos”, pero lo cierto es que por una extraña razón en ese todos no estaba
incluido yo. Sé que muchos entenderán lo que estoy diciendo. Se trata de aquel
conocer intelectual que no asegura la experiencia existencial.
Recuerdo que al hacerme consiente
de aquella insensibilidad y le pedí al señor que me regalara la experiencia de
sentirme salvado por su cruz, y fue entonces en aquel viernes santo cuando
caminado con Jesús por las calles de Jerusalén al calvario, Éste, con su rostro
ensangrentado, se volteó a mirarme y me dijo, es por ti Andrés, es por ti...
toda mi vida pasó por la cruz del Señor, ¡que preciosa experiencia!
Muchas semanas Santas hemos
pasado pero ¿cuántas hemos vivido?, ¿cuántas
de estas han sido el tiempo de salvación que son en realidad?, ¿cuántas de
estas han sido el tiempo en el que el resucitado hace pascua en tu corazón? , ¿Cuántas
de estas pascuas tu realmente has asistido a esa cena pascual que Jesús desea
ardientemente comer contigo (Lc. 22, 15)? La verdad no importa cuántas, importa
esta.
En una palabra.
Ante los tiempos de gracia
que la iglesia nos permite vivir usted y yo podemos ser o protagonistas o
espectadores. Por mi parte, estoy convencido que ser protagonistas es el papel que nos
permite enriquecer nuestra vida de fe para que la liturgia y la vida de la
iglesia no tengan la forma de una circular rutina sin propósito sino que sean la escalera que cada año nos acerca más a la casa del Padre. Por último, queda preguntar: ¿hasta cuando vamos a celebrar a cristo? la respuesta es clara, hasta que Cristo se forme en mi y en todos. (cfr. Rm 8, 29)
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