Una
mañana cualquiera la vi.
poco
la comprendí pero la vi,
y
con el fulgor del sol se hizo más grande, más alta que yo.
En
la noche desapareció.
Desapareció.
Como es de esperarse murió con el sol,
se
desvaneció en la oscuridad pero no se fue,
se
quedó, se reinventó al encender una nueva luz.
Su
ausencia resulta imposible
porque
ella mismo lo es.
Ella
es ausencia y presencia, las dos.
Apenas
enciendo una
vela para apabullar la oscuridad,
que
tampoco se va,
como
si por ello la invocase, ella viene.
Dicen
que los amigos son aquellos que siempre están
Pero
ella no es amiga.
Y
tampoco enemiga.
Simplemente
es una hija, una no muy querida.
Más
que una amiga es una hija
La
sombra no es otra cosa que…
El
amargo pero lógico resultado entre la Luz y yo.

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