viernes, 25 de marzo de 2016

Para Meditar La Tercera Palabra.

PARA MEDITAR LA TERCERA PALABRA:
 “Mujer ahí tienes a tu hijo, hijo he ahí a tu madre”


Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” Jn 19, 25-27

La tercera palabra está tomada del evangelio según san Juan. Este evangelio está colmado de muchos signos y personajes de los cuales no nos cuenta la historia sino que los describe como representaciones simbólicas de una actitud ante Jesús. Así pues, uno de estos representantes parece ser un personaje, (por cierto cuasi-anónimo) al que el evangelista decide llamar el discípulo a quien Jesús amaba,  este personaje nunca aparece con nombre propio. La tradición lo ha identificado con el mismo Juan, el discípulo, que parecía ser el más joven del grupo de los apóstoles. Sin embargo el cuarto evangelio, como lo llaman los biblistas, nunca nos dice el nombre exacto de este personaje; solo nos dice que era el discípulo al que Jesús más amaba.

El discípulo amado, como les digo, parece ser entonces otro de los signos o representantes que nos describe el evangelio de Juan. Parece que el discípulo al que Jesús más amaba no es un personaje del pasado, un personaje antiguo, uno del cual podamos hacer historia, o describir fácilmente, no se trata de un personaje concreto que haya vivido con Jesús… Según el evangelio, parece ser que ese personaje representa a un  discípulo,  un cristiano que tiene una característica muy especial: es el discípulo al que Jesús amaba, o dicho de otra forma, el discípulo que se deja amar por Jesús, es decir se trata de usted que lee estas palabras y de mi cuando nos dejamos amar por el Señor, cuando el amor del maestro ha cautivado tanto nuestro corazón que, incluso, aunque todos los demás huyan de la cruz, ese amor nos mantiene fijos los ojos en el crucificado.

Ahora bien, la tercera palabra nos habla de cómo Jesús estando en la cruz quiso crear, afianzar o establecer una relación íntima entre aquel discípulo que se deja amar por él y su Madre.

Hermanos, esta palabra nos habla de un gran regalo. Pero es un regalo que tiene una condición. Es como cuando los papás le dicen a uno que le van a dar un regalo si gana el año, o como el esposo que recompensa a su esposa si hace esto o aquello…. Pues Jesús, estando en la cruz, después de haberlo entregado ya casi todo, (su vida) nos entrega a su Madre pero esta entrega no parece ser para todos, pues tiene una condición. ¿De qué se trata?

Se trata de un gran compromiso, o mejor de una suprema actitud de apertura: Dejarse amar por el Señor,  dejarse impactar por el amor que nos ha expresado, dejarse salvar por él, dejarse tocar por él… Es esta la condición del discípulo que, primero, estas cerca del corazón de Jesús (como nos lo expresa en el relato de la cena) y segundo aquel que recibe a la Madre del Señor como suya, solo aquel que se deja amar por el Señor y, en consecuencia, ama al señor puede recibir en su casa, es decir, en su vida, a la Madre del señor….  

Pero ¿Qué significa este regalo? ¿Qué podrá significar el recibir a la madre del Señor en nuestra casa y sobre todo en un momento de crisis como el de la cruz? La respuesta es alentadorsísima y preciosa. Recibir a la madre, acoger a la madre, no es otra cosas que acoger a la portadora de las promesas del Señor, no es otra cosas que acoger a la que ha creído, a la que ha escuchado al verbo y lo ha encarnado, y en definitiva es acoger a la que no permitirá que ante el escándalo de la cruz la fe del discípulo amado se esfume, es ella quien mantendrá viva la promesa de resurrección en el corazón de este discípulo.

Dos conclusiones:

   1.  Déjate amar por el Señor, por el crucificado que nos dice desde la cruz es por ti, es por ti... 

  2.  Acojamos a la Madre del Señor en nosotros para que sea ella quien nos consuele en los momentos de crisis, cuando Dios parece que se queda callado al discípulo le queda su Madre.



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