miércoles, 11 de mayo de 2016

Los siete dones del Espíritu Santo


Los siete dones del Espíritu Santo

Decir siete dones no significa hacer cuenta exhaustiva de la gracia de Dios. El número siete es un numero bíblico que simboliza la plenitud, luego, decir siete dones significa que el Espíritu Santo da infinitamente, sin medida, plenamente y toda gracia proviene de Él.

Además, los biblistas expertos señalan que la versión hebrea del texto de Is, 11, 1-3 donde aparecen estos dones, solo habla de 6 o más bien de 3 parejas de dones, las tres referidas a tres o cuatro de los grandes personajes del A.T.  Veamos una a una las características que tiene el Espíritu que “reposara” sobre el Mesías según la palabra del profeta Isaías.

1ª Pareja: Salomón:

Inteligencia: es la capacidad de resolver problemas a la manera de Dios.

 

El ejemplo más cercano es el que se nos narra en 1 R 3, 16-28. Salomón resuelve una situación conflictiva de una manera asombrosa. ¿En qué consiste esta respuesta? Salomón es capaz de resolver la situación yendo al centro de la persona, apela al sentir más profundo del corazón de la madre, va a la raíz.

 

Asi pues que, el don de la inteligencia o entendimiento (como aparece en otras versiones) consiste en resolver los problemas de la vida haciendo lo que Dios hace. Cuando le presentamos un problema Dios nos muestra no solo las razones superficiales de nuestro sufrimiento (por ejemplo), cuando le preguntamos a Dios por la solución de nuestros problemas él nos muestra la primera causa, nos desnuda deja al descubierto toda nuestra verdad para que la asumamos y no demos respuestas superficiales. Dios pone en evidencia lo que se esconde detrás del problema para dar respuestas y soluciones certeras. Dios cura de raíz.

 

Así mismo quien se deja guiar por el Espíritu de Dios recibe esta misma capacidad de resolver las dificultades cotidianas y trascendentales de la vida de una manera certera. Comúnmente nosotros resolvemos lo superficial y damos respuestas temporales o incompletas a las situaciones de la vida, pero el que se deja guiar por el Espíritu de Dios adquiere la capacidad de buscar lo fundamental en la vida para responder desde este criterio.

 

Una aplicación:

 

Cuando una pareja discute acaloradamente y en medio de la agitación los dos se dicen: “¡se acabó, separémonos!”. En este caso, la separación es una respuesta superficial una solución a su manera, desde su instintividad. Pero si uno de los dos atina a preguntarle a Dios (y a sí mismo) por las causas del problema va a encontrar que tal vez el problema no sea de tanta importancia, que la discusión es solo un síntoma y que a la raíz hay otras heridas que es necesario aceptar y sanar, y finalmente descubrirán que la separación no es la respuesta porque se aman a pesar de… 



Sabiduría: Capacidad de saborear la existencia desde Dios. Saber y sabor tienen la misma raíz latina (sapere).
Es interesante decir que los romanos asociaban los sentidos con diferentes facultades intelectuales, así, por ejemplo, el tacto lo relacionaban con la delicadeza y la mesura, de ahí que tacto no solo sea el sentido, sino que llega a significar la capacidad de tratar a alguien con delicadeza. De igual manera, el sabor se relaciona con el buen juicio, con la capacidad de crítica frente a la vida.

La sabiduría como don del Espíritu santo consiste en pensar, vivir, amar, desear y actuar “Diosmente”, es decir gustar la vida desde Dios. Se trata de la capacidad de disfrutar de la existencia. Saborear cada instante de la vida echando fuera las amarguras y dejando de lado las preocupaciones y prisas que el mundo nos sugiere.

Jesús fue el hombre más sabio. Supo saborear cada momento de la vida: todo le sabía a su Padre, todo le hablaba de Él; los pajaritos que ni cosechan ni hilan, los lirios del campo, un sembrador, una mujer que cocina, un pastor…

El cristiano que se deja guiar por el Espíritu de sabiduría adquiera la capacidad de gozar de la vida, de verla como un don, y por ello mismo la entiende, comprende el sentido que tiene y sabe para qué fue creado.

Aplicación:

Un hombre vive muy agitado en su vida; del trabajo a la casa de la casa al trabajo y nunca descansa, su hijo acaba de nacer y este hombre no estuvo en el parto, ni en el bautismo, ni lo vio caminar y en definitiva nunca disfruto a su hijo. ¿Porqué? El sabor que para él tiene la vida se llama dinero, trabajo, afán. Si este hombre se dejara guiar por el espíritu de sabiduría se detendría por un momento a mirar a su pequeño bebé que solo con abrir sus ojos habla de la grandeza del Señor, se quedaría en casa un domingo para jugar con su bebe, amaría estar con su hijo que solo será bebe unos cuantos años, y por fin, disfrutaría, saborearía el don precioso de ser papá.  

2ª David

Discernimiento, (consejo): es la capacidad de distinguir las intenciones o motivaciones ultimas, las verdaderas intenciones o intereses y criterios que mueven a una persona o a una obra.

Aplicado a sí mismo:

Es un don precioso del Espíritu. Consiste en la capacidad de auto examen. Podríamos relacionarlo incluso con la virtud de la vigilancia, que es la capacidad de cuidar que los pensamientos, deseos y acciones estén siempre ordenados a Dios. Quien tiene don de discernimiento se hace consiente hasta de las decisiones más cotidianas y las pone en cuestión: porque y para que lo hago, es útil… de tal manera que sus actos ya no resultan del azar, sino que son coherente con sus opciones e intenciones, las misma que se van purificando y haciendo más parecidas a las de Cristo.

Cuando vas a decirle o a hacer algo a alguien, por ejemplo, ¿por qué lo haces?: esta es la pregunta que el Espíritu santo a través de este don hace en la conciencia del cristiano.

Aplicado a otros.

Cuando a través del don de discernimiento descubrimos cual es la intención ultima de una persona nos resulta más fácil aconsejarlo. Muchas veces las personas llegan a la dirección o acompañamiento espiritual con una maraña de ideas que solo quien se deja guiar por el Espíritu de discernimiento puede organizar y enfocar para, luego, dar un consejo apropiado.

Fortaleza:  es la capacidad de cumplir la voluntad de Dios sobre toda tendencia o dificultad.

Hago énfasis en “cumplir la voluntad sobre toda tendencia”  Muchas veces cuando pensamos en las dificultades para cumplir la voluntad de Dios, pensamos en la persecución, en la envidia de los otros, en mi esposo que…, mi hijo que…, a la lara pensamos en custiones externas, pero déjenme decirles que estas son las que menos afectan, el peor enemigo que tengo para hacer la voluntad de Dios soy yo mismo.

Piensen solamente en las veces que hemos fallado al llamado del Señor por nuestras tendencias torcidas… piensen en lo mucho que hay que mortificar los sentidos, los pensamientos para intentar en lo poco hacer lo que el Señor nos pide. El interior de un hombre es el peor campo de guerra.

Aplicación:

Quien se deja guiar por el espíritu de fortaleza es capaz de vencer incluso sus propias tendencias y, por supuesto las dificultades externas. Piensen que hubiese pasado si María, al oír la voz del ángel, considerara asuntos como: y mi mama que va a decir, me van a creer, y el pueblo, y los fariseos, y en su interior hubiese dicho: y mi proyecto con José, nuestro nidito de amor… sin el don de la fortaleza cualquiera de estas cuestiones hubiese desbaratado el sí de María. Tal vez maría consideró todo esto, digo tal vez, pero fue justamente por el don de la fortaleza que pudo aceptar y cumplir con firmeza la voluntad del Padre.

3ª Abraham- Moisés

Ciencia: es capacidad para profundizar en el misterio de Dios.

Se cuenta de algunos santos manifestaban este precioso don, tenían una compresión especialísima del misterio de Dios, interpretaban las sagradas Escrituras de una bella y profundamente. La mayoría de los santos encontraba a Dios en todo. Juan de la cruz lo encontraba en “la soledad sonora”, francisco en la naturaleza, en el hermano lobo, la hermana agua.

Aquel que se deja guiar por el espíritu de ciencia descubre con facilidad el mensaje central de la palabra de Dios, el acontecer de Dios en la historia y la mano de Dios en la creación.

Temor de Dios: consiste en dejar los ídolos, conocer y cumplir la voluntad de Dios.


Piedad: amor apasionado por Dios. Sentimiento profundo se ser hijo de Dios.

Quien se deja guiar por el Espíritu de la piedad ama con locura a Dios. Es un amor que le empuja a entregarse al señor, a sumergirse en el, a darse a los hermanos que "tiene sed", a acompañara a los pobres que son presencia de Dios, a besar a un leproso que habla de la humildad de Dios y en definitiva un amor que "mata": "muero por que no muero" decía Teresita movida por este amor "loco" hacia Dios. 

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